viernes, 6 de abril de 2018


Recuerdos del futuro

The-broad-ahead 

Disolución de los mapas.-
A qué tanta brújula, tanto bosque, si nada va a salvarse, ni siquiera él.

                                                Inés Mendoza


Según los geólogos modernos, dentro de doscientos cincuenta millones de años, el continente africano se habrá fusionado con Europa desapareciendo el mar Mediterráneo, noticia que me parece excelente pues así todos los plásticos acumulados desaparecerán bajo la corteza terrestre, y si otros pobladores más sabios que nosotros aparecen en esta nueva Pangea, cuando llenos de curiosidad, encuentren esos depósitos de basura, lo más probable, es que reconstruyendo la historia de nuestro tiempo en un eminente ejercicio arqueológico, harán películas al estilo de Hollywood deduciendo por estos fósiles, la basura intelectual de nuestra especie, cosa que para ellos, será un buen ejemplo a no repetir jamás. Parece ser, que el Atlántico también desaparecerá en la fusión de América con África y Europa; y que las islas actuales serán las cumbres de las nuevas cadenas de montañas que se formarán debido a esta fusión. ¡Qué alegría más grande, que podamos ir a pie a América y que África, con todas sus riquezas mineralógicas pueda ser explotada debidamente con nuestras manos! ¿Pero qué digo? ¿Qué locura es esta? Pues los futuros pobladores, según deduzco, no tendrán el más mínimo parentesco con nosotros. Serán descendientes del elefante, de la ballena, ¡qué se yo!, animales mucho más nobles que esos monos de los que descendemos para desgracia nuestra y, cuya astucia, hemos heredado para maltratarnos y hacernos la puñeta.
También el suelo del Atlántico desaparecerá bajo la corteza terrestre y, con ello la basura que también hemos depositado durante siglos… Basura de todas clases, incluida la intelectual; esta, que solamente ha creado armas de guerra para exterminarnos, libros afrentosos para destruir nuestra mente, imágenes apocalípticas para aterrorizarnos y destruir las arcangélicas que, venían de antiguo cuando aún éramos criaturas inocentes desprovistas de todo mal.
El Océano Pacífico que es el más grande, se habrá agrandado mucho más pues Australia se habrá fusionado con China. Y será una gran suerte de los futuros pobladores, el no tener que navegar tanto por mares que se cobran millares de víctimas, y poder navegar con la mente pisando tierra firme.
Volviendo a lo del Mediterráneo, el horrible espectáculo de las pateras zozobrando o de los guardias civiles exponiendo sus vidas para salvar otras, también habrá desaparecido, por eso que decía antes de poder ir directamente a pie desde Ceuta y Melilla hasta Cádiz o Almería.  
En fin, no quiero cansarme más, pensando en estas cosas del Futuro.

En Madrid, a 19-6-2018
Francisco





PELOTEO
Lo que no se dice pero me lo creo






LA CITA

Tengo una cita con un desconocido que va a venir a buscarme a las siete pero, a menos que no me crezca el pelo dos centímetros, no voy a abrir la puerta.

Se trata de un vendedor de MOVISTAR, que nada más llegar, le digo groseramente que se vaya con viento fresco, pero me insiste una y otra vez, elevando la voz de manera que empieza a molestar al vecindario. No se porque motivo acepté que viniera a estas horas de la tarde en que todos los vecinos están pendientes de la telenovela. Y oigo a través de la puerta algunas voces de protesta por lo que está sucediendo. Al verle a través de la mirilla, observo que es un joven apuesto y con unas facciones angelicales que, no están en relación con las palabras que pronuncia, cada vez más provocativas. Me dice que me va a denunciar porque tiene grabada la conversación en que accedí a citarme con él y, que si no estaba dispuesta a abrir y conversar, tenía que haberle llamado previamente anulando la cita. Tiene muchísima razón con lo que me está diciendo, lo que me hace poco a poco cambiar de criterio y finalmente decido abrirle la puerta.    

Es como si el apóstol Santiago entrara en mi casa montado en su caballo, arrasándolo todo. Ante la presencia del joven agraciado, perdí la cabeza y otras partes de mi cuerpo que no quiero nombrar porque el pudor me lo impide. ¡La cantidad tan enorme de años que había perdido debido a mis ideas puritanas! No sólo firmé la póliza de MoviStar, bastante subidita por cierto, que hizo temblar mi economía, que temblando de gozo me entregué a él y le hice partícipe de mi cuenta bancaria.  

¿Resultado de todo esto? Que me encuentro mendigando por las oficinas del PSOE para que me den un empleo aunque sea de fregona en algún hospital y, menos mal que soy militante del partido y me han prometido que me lo darán y no voy a pasar hambre.


En Madrid, a 15-6-2018
Francisco








Nuevas contestaciones al libro HABLANDO DEL ASUNTO. 18-6-2018

171. Stuart.- Yo la quería. Mi amor la hizo más adorable. Él lo vio. Él había estropeado su propia vida, así que me robó la mía. Ese edificio quedó totalmente destruido por un BOMBARDEO DE ZEPELINES.
Sí, Stuart, estoy de acuerdo con esto que dices. Veo claramente ese edificio al que te refieres. El edificio de la AMISTAD y del AMOR. De la amistad entre tú y él; del amor entre tú y ella. Dos palabras que deben ser respetadas y que nunca debieran ser traicionadas. El bombardeo de zeppelines… ¿A qué te refieres al citar estos aparatos?  Se necesitarían muchas páginas para desarrollar este concepto: La falta de valores de la Sociedad actual, esos seres que al no tener existencia propia, o que tienen una existencia negativa, perturban la tranquila existencia de los demás. Y roban siempre algo: dinero, poder, la mujer del amigo. Tu amor hizo adorable a Gillian. ¡Sí! Es uno de los misterios del amor. El veros Oliver, felices, resplandecientes, fue la causa de que se despertara su apetito y obrara así. 
171. Gillian.- Yo quería a Stuart. Ahora quiero a Oliver. Todo el mundo ha sufrido. Por supuesto que me siento culpable. ¿Qué hubiera hecho usted?
-Ya que me lo preguntas, querida Gillian, voy a contestarte. Probablemente hubiera caído en la misma trampa que tú. Stuart, cometió la gran torpeza de confiar en la amistad, y metió en casa nada menos que al agente perturbador, al parásito dentro de la madriguera. Esto no es nada nuevo en la historia de la humanidad, tema frecuente dentro de la literatura. Los parásitos suelen ser insectos simpáticos, inofensivos, pero si se les deja dentro de un lugar donde hay comida, comen hasta saciarse. No debes culparte. Tu eres una víctima de las circunstancias. Es posible, que en otras circunstancias, amparada por una familia más sólida que la tuya, por consejo de un padre, que hubiera visto con malos ojos la intrusión de Oliver, no hubieras permitido desde un principio, que entrara en tu casa y menos aún en hacerte la corte. 
171. Oliver.- Oh, Dios, pobre Ollie, sumergido hasta la membrana mucosa en un baño de merde, qué crepuscular, qué espeso, qué triste…
-Querido Oliver: Las fuerzas del mercado. ¡Con qué claridad no exenta de cinismo ha puesto en tu boca, el autor este concepto!  En un alarde de sinceridad intentaste hacérselo comprender a tu amigo. ¡Qué triste eso de que la felicidad de una persona se construye a menudo sobre la desdicha de otra. Parece en este pasaje con lo que estás diciendo, aquello del Tenorio: Llamé al cielo y no me oyó…, Creo entender cuando dices eso de crepuscular, creo que te refieres a la paradoja de Zenón con Aquiles, la liebre, corriendo detrás de la tortuga, en la cual todos simpatizamos con esta segunda.
173- Stuart.- Si pudiésemos  aprender a sentir el dolor de otra persona…
-Querido Stuart; estas palabras tuyas me han llegado al fondo del alma y han hecho explosión en mi subconsciente. Ahí está la clave de todas nuestras desdichas. Nuestra sensibilidad no llega a tanto. Sólo se me ocurren algunas excepciones, algún que otro santo; y no siempre, sólo a ratos. Así somos, de esta pasta estamos hechos, y, como bien dices, este es todo el problema del mundo.
236.- Mme Rives.- Esta intervención es a manera de EPÍLOGO. El perro, nosotros, sordos a lo que nos conviene, al dejarnos en libertad, estamos condenados a desaparecer. Es una metáfora terrible. Lagisquet, el Estado, es un viejo idiota. Le dijimos que debería atar al perro. Contestó que no quería limitar su libertad y su felicidad. En mi concepto, la libertad debe estar condicionada, dentro de unas reglas flexibles pero firmes, ya que somos incapaces de interpretarla debidamente. Y no sólo depende nuestra felicidad del uso que hagamos de ella, sino nuestra supervivencia.






Vamos todos en peregrinación hacia un lugar donde se baila.
Es una verbena llena de farolillos en el techo que flotan allí como si alguien los sujetara.
El lugar está más allá de las montañas.

Voy del brazo de mi buena amiga Carolina por el camino que atraviesa multitud de parcelas con distintas clases vegetales. Vamos muy contentos aunque el camino es largo y sinuoso. Y muchos hombres y mujeres cruzan ante nosotros con sus pertrechos, sus aderezos, arrastrando sus carromatos llenos de enseres inservibles. Las gentes de mi pueblo, de muy pocos habitantes, caminan en nutrido grupo entre el gentío, y ahí les distinto: Mi prima Paca. (¡Pero, ¿no se había muerto?!). Mi primo Juan, el de los tirantes, Casimiro, Casinoveo, Cuasimodo. Todos muy unidos y bien apretaditos, (parecen uno solo). La Arcadia Feliz, nos han dicho. La ciudad del sol de Campanella. La Utopía de Tomás Moro. Otras ciudades como esas y otros cuentos.
Puestos a bailar, bailemos:
Cha, cha chá, todos los aquí reunidos vamos juntos a bailar, a bailar el cha, cha chá, cogiditos de las manos, moviéndonos al pasar, volviendo atrás la cabeza, las piernas al buen compás. Meneando las caderas. Siempre ayudando al de atrás. Que nadie se quede cojo, que nadie quiera mandar, todos a una bailando llenos de ardor especial; todos mirando a la luna porque el sol se ha puesto ya, cha,cha, cha.  
Bailemos el vals, ¡Carolina, a bailar! …
-No, no bailo, Rigoberto, me paro aquí a descansar, no participo en tus fiestas, que no me suelen gustar. Tengo una pierna quebrada de tanto aquí caminar. El camino se hace largo y lejos está el lugar. Sigue sólo tu camino que yo ya no puedo más.
-Carolina, Carolina, fiel doncella mi de amor, si me dejas yo me mato. ¡No me dejes, te suplico, no me dejes por favor, por los manes de tus padres, en el nombre de tu dios. Si yo parto, voy sin rumbo, lejos de toda ilusión, y este camino florido que transitamos los dos, se me cubrirá de abrojos, de lo duro, lo punzante, algo atroz; que no podré soportarlo. No me dejes, no, no, no!
Carolina se ha quedado y voy caminando yo. Sudo, lloro, regurgito, me mareo, tropiezo y vuelvo a tropezar, caigo, me arrastro, ¿Qué más?  ¡Nadie tiene compasión! Todos siguen su camino, el camino del amor… ¿El camino del Amor? ¿Qué es el Amor, (me pregunto a estas alturas yo)?  

NOTA DE PRENSA.- Ayer en el País se publicó la noticia que Rigoberto Martínez, un pobre vagabundo fue encontrado muerto en la marquesina del autobús 30 en la plaza del Encuentro de Moratalaz. No habiendo acudido ningún pariente, fue enterrado en la parte pobre del cementerio del Este. RIP.




Francisco, 12-6-2018






Te amo

Nada más subir a la habitación del hotel en la playa de Acapulco, Gertrudis y yo, nos colocamos los bañadores y, como locos, salimos dando saltos de gozo a sumergirnos en el mar.
Nuestro primer encuentro, lo tenemos dentro del agua al subirnos a una boya. Un joven rubio, guapísimo de unos veinte años, ha venido nadando hasta nosotros y sin más, se ha encaramado allí alegremente entablando agradable conversación de la que no hemos podido substraernos. Nos dice ser español, de Albacete y que se llama Froilán.
Nuestros deseos previos de estar solos disfrutando de aquellas bien merecidas vacaciones, se ven truncados porque de nuevo en la arena un hombre joven que dice llamarse Ernesto y su pareja, Emilia,  más o menos de nuestra edad, tienden sus toallas junto a las nuestras y también entran en animada conversación, explicándonos que ya llevan allí diez días y que aquello es un encanto. 
Han transcurrido dos largas horas sin que podamos disfrutar de un solo momento de intimidad y decidimos subir a nuestra habitación, a ver si así podemos disfrutarla. En recepción somos interpelados por un señor de luenga barba que asegura conocernos pero no sabe dónde y en que circunstancias. Nosotros tampoco. Ya son tres los encuentros en el poco tiempo que llevamos allí, sin contar con el del empleado que nos inscribió y dio habitación y el botones que nos subió las maletas.
Mientras este señor nos habla, vemos sentado al piano a un joven rubio parecido al de la boya que está interpretando la Patética, y allá sentado en una butaca, otro hombre que parece estar atento a la música, no podemos distinguir sus facciones pues permanecen tras un periódico desplegado.
Digo esto, y lo detallo minuciosamente, porque tiene amplia relación con lo que va a suceder de inmediato una vez que subimos a nuestra habitación…
En la puerta de entrada hay algo extraño que se distingue a medida que nos acercamos por el pasillo, lo cual se transforma en un grito de horror que lanzamos al ver un
“Te amo”
escrito con letras de sangre, la cual todavía está fresca, pues chorrea en  lentas gotas por la madera.
Acuden rápidamente varias personas, entre ellas el botones que nos subió las maletas y dos viejas, que salen de la habitación de al lado. Entramos temiéndonos lo peor y vemos que allí no ha pasado nada. Las maletas permanecen abiertas tal como las dejamos y no hay la más mínima señal de que alguien haya penetrado allí. La llave la habíamos dejado en recepción y también nos confirma el empleado que ha subido con el director, que allí ha permanecido en el casillero todo el tiempo que hemos faltado, hasta el momento que nos ha sido entregada para subir.
El director, nada más tomar contacto con la situación, hace una llamada urgente a la policía. No tarda en llegar el que dice llamarse inspector García, acompañado de otros dos. Y empieza el interrogatorio. Tienen que esperar a que nos vistamos y, todo cuanto se ha dicho con anterioridad, es puesto en su conocimiento. También tenemos que sufrir la llegada de un juez con dos números de la policía judicial, pues aunque no hay cadáver a la vista, si hay sangre que debe ser estudiada con todo lujo de detalles. En primer lugar, para conocer el ADN por medio del cual se puede dar con el autor del hecho. Este no parece que sea ninguna de las personas mencionadas, las cuales también han ido siendo localizadas y todas han tenido una perfecta coartada. Debe ser alguien ajeno al hotel, alguien que puede haber viajado con nosotros desde Madrid, cuando tomamos el avión, o en el traslado del aeropuerto al hotel. Nunca habíamos estado en Acapulco y nadie de allí, debido a esta circunstancia, podría conocernos. Y menos aún, proceder de esta manera extrayéndose sangre para realizar este siniestro letrero. Pues ha tenido que abrirse alguna vena dada la abundancia de la contenida en la puerta. Lo raro, es que no haya goteado en su huída por los pasillos…
Ante esto, el sagaz inspector, ha pensado que el suicida, puede estar escondido, desangrándose, en alguna habitación del hotel y se ha procedido de inmediato a registrar todas las habitaciones empezando por las más cercanas.
Ni rastro de sangre por ninguna parte. La policía se pone en funcionamiento y extiende su radio de acción fuera del hotel, siendo secundada por una multitud de voluntarios que también sienten curiosidad por encontrar al hombre o la mujer que ha hecho esto.
¿Hombre o mujer? Pensamos algunos. Pues ese te amo lo mismo puede ir dirigido a mi, que a Gertrudis. Y lo más natural es que si es a mi, sea de alguna de mis admiradoras; y si es ella, de alguno de sus admiradores.
Cuando yo, que permanezco en el salón de mandos al lado del inspector que se encarga de la operación, le hago estas aseveraciones, se echa a reír, diciendo que eso era antes, pues ahora las cosas han cambiado. Y tiene razón, por eso de la atracción entre personas del mismo sexo,  tan en boga.
Me ordena que me aleje pues no está dispuesto a oír mis tonterías, y me uno a Gertrudis que está deshecha. ¡Menuda luna de miel nos espera!  De momento nos han obligado a cambiar de habitación, al ser clausurada y puesta a disposición judicial la primera.
Dentro de ella nos dedicamos a hacer nuestras propias deducciones. Puede tratarse del joven Froilán, que nada más abandonar nosotros la boya, también lo hizo y se perdió andando por la playa. También puede ser el barbudo que nos atajó en recepción y que decía conocernos de antes. Quizá fuera el autor del hecho y nos parara para disimular. O el joven del piano, o el que se tapaba la cara con el periódico. Pero no puede ser porque no estaban heridos. Menos probable aún es que fuera Ernesto o Emilia, que subieron de la playa con nosotros e inmediatamente se fueron a su habitación. En cuanto al personal del hotel, imposible. Cansados de hacer conjeturas y habiéndose hecho la hora de comer, bajamos al comedor, donde coincidimos con todos ellos y no podemos evitar que se sienten a nuestra mesa Ernesto y Emilia. Ellos tampoco se explican quién puede haber sido el siniestro bromista. Bueno, ese TE AMO escrito con sangre, indica que no hay nada de broma en el hecho. Y que el individuo en cuestión, debe estar desangrándose escondido en algún lugar, pues no hay constancia de que haya ido a curarse a ningún hospital de la zona.
Al subir de nuevo a nuestra habitación que nos la dieron en distinta planta, veo que Gertrudis empieza a temblar al divisar la puerta desde el pasillo como la vez anterior, y yo corro con ella para contemplar ambos, ¡el mismo letrero chorreando sangre!
TE AMO
¡Qué horror! Y esta vez la puerta está descerrajada y tras ella, tendido en el suelo, todo lo largo que es, en medio de un charco de sangre, el joven Froilán.
Nuevamente es requerida la policía y el Juez, con más razón todavía, y empiezan a realizarse nuevos interrogatorios. El asesino, -ahora si que se trata de un asesino-, no debe estar lejos, aunque si ha escapado en automóvil puede estar a cien kilómetros pues hace una hora según los cálculos policiales que se cometió el crimen…
¿Crimen o suicidio? Pues el puñal que tiene hundido en el corazón, puede habérselo clavado él mismo. Lo malo es que no hay ningún papel a la vista…

CONTINUARÁ

En Madrid, a 9-6-2018 Francisco.




8-6-2018








Algunas contestaciones a las preguntas que hace al lector Julián Barnes a través de sus personajes, en esta novela inolvidable “HABLANDO DEL ASUNTO” que nos ha tocado leer y comentar en la biblioteca BIB del barrio.

Página 215. Gillian).- El perro sordo de Monsieur Lagisquer, que se negaba a ser amarrado. Y algún día le atropellará un coche. ¿Ve lo que quiero decir?
Sí querida Gillian.- Ese perro sordo somos todos nosotros uno a uno. Comprendo lo que has querido decir. Todos estamos sordos a muchas cosas claras que vienen de fuera, los buenos consejos, las consignas divinas, los efluvios de la naturaleza, todo aquello que el verdadero amor fabrica, y que nosotros despreciamos, esclavos que estamos de la incomprensión. ¿Estás de acuerdo, querida? –Si Francisco.

Página 210. Gillian). Ahora escúcheme a mi… (Hace aquí una larga descripción del pueblo donde viven, de sus gentes y costumbres.) Los economistas nos pondrán en el subsidio europeo. Nos pagarán por producir un vino que nadie quiere, por hacerlo para luego convertirlo en vinagre o simplemente tirarlo. Y eso supondrá el segundo empobrecimiento, ¿comprende?, eso será triste.
Si querida Gillian, te escucho. Comprendo. No sólo ocurre esta metáfora que dices del vino. Los tejidos del Corte Inglés por ejemplo: En vez de montar fábricas de hilaturas y de confección, nos vamos al Vietnam y otros países asiáticos donde la mano de obra es más barata. Hay muchos ejemplos como este: Los parques científicos: El I+D+I, donde el presupuesto para la investigación e innovación, lo tienen que asignar las empobrecidas universidades y la Comunidad y Ayuntamiento que, metidos en otras gastos, se olvidan de estos.  ¡La de empleos que se podrían dar en ellos, la de talentos que en vez de irse al extranjero podrían quedarse aquí. La de ayudas que se podrían dar a los spin-pff para montar fábricas en España, en competencia con todas las empresas de base tecnológica extranjeras!  Otro ejemplo: Las empresas tecnológicas pequeñas PYMES, tan faltas de recursos que se podrían expansionar creando también mano de obra y trabajo para nuestros talentos. Otro ejemplo: La investigación dentro de los hospitales, las fábricas, etc.
En fin…

Página 230. Oliver).- Los calabacines se están dando muy bien en estos momentos. Los celos de G: Tratando de quitar hierro murmuré: “Querida, no es ni la mitad de guapa de lo necesario…” Una alusión clara, como usted habrá podido apreciar, a una de las agudas réplicas de Oscar en su juicio. ¡Imprudente, imprudente! Porque a Ollie, como a Oscar, el ingenio sólo le sirvió para acabar en chirona. Y, al final de la noche, la cárcel de Reading me habría parecido el George V. ¿Qué le pasa a Gill estos días? ¿Puede usted decírmelo?
Si, querido Oliver. Gillian, dice muchas cosas importantes que no debemos pasar por alto, puesto que se dirige a cada uno de los lectores esperando una réplica, una contestación.   A dos de ellas, ya he contestado arriba. Quizá podría haber hablado mucho más, pero no he querido cansarla. Bastante trabajo tiene en la lucha que mantiene contigo, que has llegado al punto de abofetearla por las calles. Me gustaría dar réplica a todas las preguntas que me hace este libro. Y quizá lo haga. En cierto modo, aunque de manera indirecta ya lo voy haciendo en muchos de mis relatos protesta que coinciden con la mentalidad de este magnífico autor.

En Madrid, a 6-6-2018
Francisco






¡Estoy solo!




¡Estoy solo! ¡Me encuentro solo¡ Aislado sobre este ínfimo islote lleno de flores. Me rodea el vacío por todas partes. No puedo ni sentarme sobre la hierba. Pero eso si. Me mantengo firme. Todavía puedo andar, correr… aunque el medio en el cual estoy me lo impide. ¡Si alguien viniera en mi ayuda…!  Pero esto es imposible. Quise estar aquí. Quise probar la esencia de la soledad. Y me remonté lo más alto posible, queriendo alcanzar el cielo con mis manos. ¡Pobre de mi!  Tampoco puedo volar. Yo mismo me corté las alas para siempre. Quise ser poeta, escritor, padre y esposo. Y me he quedado en lo que soy: Un niño descalzo y con camisa de manga corta. Me casé por segunda vez y al poco tiempo mi esposa me dijo: ¡Eres un niño! Lo mismo que me había dicho la primera cuando optó por abandonarme. Mis hijos, ah, mis hijos me han abandonado. Se consideran superiores a mi y quizá lo sean. No quieren saber nada de un padre irresponsable. Mis posibles amigos, ah, mis posibles amigos nunca lo fueron en realidad, o peor aún: nunca fui para ellos el amigo fiel que ellos esperaban. Mis manos están vacías. No tengo papel ni pluma ni sitio para apoyarme y así poder escribir lo que me apetezca. Tampoco tengo un libro siquiera para poder distraerme. Menos mal que tengo la voz y todavía puedo cantar…
¡Cantar!, cantemos. Canto al vacío de mi existencia, a mi falta de conciencia, a mi inexperiencia, a mi obsolescencia, a todo lo que termina en encia. Canto porque se cantar, mi mansión de porcelana y porque me da la gana, dentro de mi negro mar. Y puesto a considerar que mi canto, solo mío, se extiende de parte a parte, voy fiel servidor del arte a cantar mi serenata, que debe sonar muy grata a los fecundos oídos de aquellos que andan perdidos, sin nada donde apoyarse, porque fueron a quedarse como yo en lugar vacío. Y también al señorío, esclavo de la falacia de una falsa aristocracia que aumenta su poderío, haciendo del tuyo el mío; y para mayor vergüenza, van sin que nadie les venza a producir sinsabores en este mundo de flores crecidas bajo la lluvia para el sayón de la gubia y la afilada navaja, que prepara la mortaja con que te piensa enterrar; lo repito en mi cantar, lejos de la fea política, miserable, paralítica, tumefacta y sifilítica, que afecta al mundo del sida, y va cerrando salidas que te podrían salvar; y tu ego singular que nunca ha sido pisado, salga a pastar en el prado de las fecundas ideas, probando dulces jaleas y acaramelada miel donde Jesús, Hijo Fiel de la Consigna Divina, está con voz cantarina, diciendo cosas sublimes, a las que pronto te arrimes si quieres sacar partido, ese que nadie ha tenido la suerte de disfrutar, perdido en el negro mar, queda dicho: del olvido. 


En Madrid, a 5-6-2018
Francisco








UN VIAJE A TIERRA SANTA

Capítulo 8º.-

La imagen de un hombre de barba blanca que yo tengo en mi memoria de Judas el Galileo, o el Gaulonita, no corresponde a la que estoy viendo a medida que nos vamos acercando al grupo. Este es mucho más joven y tiene la barba negra.
Jesús, que una vez más está adivinando lo que yo pienso, me dice por bajines:
-Ten en cuenta que a ti te ha llegado esa imagen a través de Internet y no debes fiarte mucho de la tecnología de tus tiempos, que a mi modo de ver es poco fiable. Hay mucha, muchísima volubilidad y falta de precisión en tus paisanos, podridos todos por el afán de dinero y fama.
-Paco, te presento a Judas el Galileo, mi jefe. –Dice Simón llevándome directamente ante su presencia por detrás de la tienda.
-Tanto gusto, -le digo.
Está solo y eso me extraña, porque momentos antes me había dicho que estaba amenazando a unos publicanos con la guadaña.
-Míralos como corren, me dice Jesús que viene detrás.
Y efectivamente, mirando al campo llano, veo a tres individuos que corren que se las pelan, alejándose de nosotros con sus túnicas al viento.
-Así deberían correr todos esos alcahuetes del demonio. -Dice Simón riendo.
A todo esto Judas que no ha contestado a mi saludo, se aleja para unirse a los pescadores en su faena. Pienso que es un grosero y Jesús me dice conciliador:
-Debes perdonarle, tiene muchas cosas importantes en las que ocuparse.
No estoy de acuerdo con el niño, porque lo cortés no quita lo valiente, pero no es momento de discutir. Me acerco al grupo a saludarles y a mis “Buenos días señores” nadie contesta, siguiendo todos en lo suyo, como si yo fuera un ser invisible, o algo peor aún, un ser inexistente. No es momento de ponerme a gritar para reprocharles su falta de urbanidad, e intentando sofocar mi ira, me pongo a reflexionar, llegando a la conclusión, que yo no soy de aquella época, y que en realidad, estoy siendo personaje central de un sueño, cosa que debería consolarme. Mientras Jesús y Simón se mezclan al grupo y se ponen a hablar de sus cosas, yo me distraigo pensando en esta secta religiosa amiga de la violencia nacida en el seno de los fariseos, que tiene su sede en el eremitorio de Qumrán a orillas del Mar Muerto.
-Me gustaría que supieras, tu amigo de los libros, ferviente lector, que en este lugar en que estás pensando, los monjes han llevado días pasados los dos libros de los Macabeos que tenían escondidos en una cueva.
Esto me lo ha trasmitido Jesús con una sonrisa dirigida desde el grupo donde está. Y sigue informándome de que, en varias cuevas entre Keriot y Masada y el monte Hebron, tienen escondidos muchos libros, valiosos incunables, que irán llevando poco a poco para formar allí una biblioteca que será famosa.
Estoy en ascuas esperando que Jesús vuelva conmigo y dejemos  a aquellas gentes con las que no me une ninguna amistad y que a la vez, pasan de mi. Parece ser que ha comprendido mi deseo, por lo que se une a mi y cogiéndome de la mano como si fuera un niño pequeño y no él, nos vamos alejando del grupo, siendo esta vez yo el mal educado, porque no me he despedido. Se lo digo, y me dice que no me preocupe.
-Pero es que yo, al menos, me hubiera gustado decirle algo a Simón como despedida, -le
digo, y él me contesta:        
-No importa. Simón y yo somos uña y carne y cuando menos te lo esperes volverás a verle. Y tendrás ocasión de hablar con él.
-No me explico Jesús, que te consideres uña y carne de este individuo, que según veo camina hacia su perdición.
-No desconfíes. Siempre hay un punto de constricción para el ser humano. Simón algún día acatará mi doctrina de la no violencia y será uno de mis más fieles seguidores. Hoy por hoy, todavía es muy corta mi elocuencia para convencerle. Pero día llegará que mis palabras convenzan, no a él solo, sino a muchos más. A multitudes quizá. Pero mientras tanto, tengo que perfeccionarlas. Por ahora estamos a orilla del lago, aquí y ahora, que es lo que cuenta. Ni el pasado ni el futuro, deben importar demasiado, porque la vida es lo que importa, y ella sólo está en el presente.
Estoy asombrado por estas palabras impropias en él y le suelto:
-¡Eso me lo está diciendo tu, que todo lo haces pensando en un futuro mejor, por el que darás tu vida y en el que basas tu obra!?
-¡Calla, Paco!. No digas eso. Que si esto que acabas de decir es bien oído e interpretado, se va a producir un conflicto mundial. Mi Doctrina y mi Obra no serán completas, efectivamente, hasta que un ser humano más perfecto reine sobre el planeta. Y para eso, tienen que pasar, no sólo siglos, sino milenios, bastantes miles de años. Y eso, tu lo sabes, porque ya lo has dicho muchas veces en tus escritos.
-Y eso, Jesús mío, ¿No te hace desesperar?
-No, porque eso, es mi única esperanza. Pero dejémonos de pensamientos tristes y pensemos en positivo. Estamos disfrutando de una mañana gloriosa y tenemos la playa a escasos metros. Vamos a acercarnos. Esa niña que ves dándonos la espalda es mi amiga María y esos niños tendidos sobre la arena son mis amigos Jan y Jen.  


-¿No será esa la Maria Magdalena de las Escrituras?
-Adivínalo.
-Mira Jesús. No estoy de bromas. Si no estoy equivocado, este es un cuadro que pintó  el valenciano Sorolla en 1916.
-Bueno, ¿y qué?
Ha dicho que Jan es uno de esos dos niños, y esto me hace acordarme de aquel Jan que dijo que era el artífice de la piedra sagrada, por lo que pregunto:
-¿No será este Jan el maestro escultor que me nombraste?
-Claro que no, este es hijo suyo.
La niña está mirando descaradamente a los dos niños que están completamente desnudos y tiene a alguien delante del que asoma un sombrero, que al parecer también lo está. No se en qué pensar. ¿Es que en tiempos de Jesús se practicaba el desnudismo? Parece ser que sí. Entonces, ¿porqué aparecen todos esos personajes vestidos de cabeza a pies, incluso cubriendo sus cabezas con velos las mujeres, y con gorros o sombreros los hombres?  Veo que Jesús está sonriendo a punto de soltar una carcajada y le pregunto?  
-¿Porqué te ríes?
Me responde complacido.
-Me río por lo simple que eres y la simpleza que poseéis muchos de vosotros, los de la civilización del consumo y de las prisas. No tenéis, no tienes la más mínima idea de cuales son nuestras formas de vida, de cómo nos comportamos,  de cómo somos en realidad. Aquí, en la baja Galilea practicamos el desnudismo, lo mismo que cuidamos nuestra alimentación, sabiendo que ambas cosas son fuentes de salud. Los baños de sol, de agua, de aire, la frugalidad en las comidas, el ayuno, todo ello contribuye a la conservación de la salud, y…
Hace una pausa para que comprenda que algo importante va a decir como consecuencia, y añade:
-La salud mental.
-¿La salud mental? –le pregunto.
-Si, la mente sana reside generalmente en un cuerpo sano.
-Alto ahí, Jesusito de mi vida; esa es una máxima de Juvenal que nació en Roma sesenta años después que tu, y pertenece a una de sus sátiras cuya cita completa es:
Orandum est ut sit mens sāna in corpore sānō (Sátira X, 356).
-¿Y quién te dice a ti, viejo tonto y descarriado que este romano, y otros como él, no están inspirados en lo que pensamos nosotros? ¿No sabes que los romanos son los bárbaros, y que nosotros somos el pueblo sabio, aunque estemos sometidos a ellos por la fuerza?
Una vez más me siento indefenso para contestar a este niño que, teniendo solamente diez años de edad, es mucho más sabio que yo a mis ochenta y ocho.
-Anda, preséntame a esos niños. –Le digo.
-¿Para que? ¿qué vas a aprender de ellos que no aprendas de mi?


CONTINUARÁ






LAS TRES VÍRGENES

Sor Angélica.- Nací en la provincia de Almería, de esto hace solamente veinte años. Soy hija menor de una familia de siete hermanos, todos varones menos yo. Todos me mimaban desde que nací por ser la única mujer de la familia aparte de mi madre. Mi padre también me había tratado con cariño, pero cuando a partir de los doce años empecé a ser mujer, empezó a hacerme unos toqueteos que no eran de mi agrado. Y no solo él, que mi hermano Andrés diez años mayor que yo, también se dedicaba a ello, e incluso, un día se quedó desnudo delante de mi para que le viera la cosa. Me volví muy arisca a partir de entonces y cada vez que se acercaban huía de ellos. Y les amenazaba diciéndoles que si seguían en el empeño, se lo diría a mi madre. Le conté el secreto a mi hermano Paco, que me quería mucho y me respetaba, el cual nada más cumplir los dieciocho años se marchó a Francia a buscar trabajo y nunca más supimos de él. Yo también al cumplir los dieciocho años, ingresé en este convento donde soy feliz entre todos mis hermanas que aunque no son de sangre, si lo son de espíritu que es lo que cuenta. Pero…

Aquí, con este “pero” se interrumpe la novicia y no queriendo cansarla más, dejo para más adelante, el seguir averiguando qué ha querido decir con eso.  

Sor Esmeralda.- Cuando entré a trabajar con la familia de  Marcia, la señora había parido a su tercer hijo Antonio y los otros dos se diferenciaban sólo en un año, lo cual significaba que a partir de su boda, cada año había ido pariendo uno y además varones. Yo tenía entonces veinticinco años y disfrutaba de buena salud, por lo que el trabajo de cuidar a estas tres criaturas, era para mi cosa leve y hasta me gustaba. Todos los días salía con ellos a la Castellana, y allí me juntaba con otras niñeras que servían en casas de bien, todas muy contentas con el trato de los señores, que les daban buenas propinas, aparte de comida y habitación. El señor Jesús Marcia, no practicaba con la señora el método ogino, motivo por el cual, en los quince años siguientes que trabajé con ellos, fueron naciendo otros diez; tres niñas y siete niños. No se puede imaginar por mucho que uno imagine, como aquel trabajo que para mí era grato en un principio, se convirtió en una carga abrumadora, que acabó con mi resistencia. Y aquí estoy. Pero…

Este segundo “pero” de la segunda hermana, me está dando mala espina. Espero que la tercera en cuestión, me cuente algo más agradable. Por cierto, que no me ha contado cómo a sus buenos cuarenta años sigue siendo virgen.

Sor Amancia de la Cruz.- Yo en cambio, -dice la tercera virgen-, hija de padres sumamente religiosos, de comunión diaria, aprendí desde pequeña mi amor a Cristo y a la Santísima Virgen, y apenas cumplí los doce años ingresé en este convento donde permanezco, habiendo cumplido ya los ochenta al servicio del Altísimo. Pero… 

Este tercer “pero”, me sorprende sobremanera. ¿Qué estará ocurriendo en este convento donde estas tres monjas a quien acabo de confesar me han soltado la misma palabra seguida de puntos suspensivos? Tendré que seguir llamando a confesión al resto de ellas que no siendo vírgenes, quizá me resuelvan el enigma. Es probable que haya una guerra entre las de una y otra clase. Lo primero es hablar con Sor Águeda, la Madre Superiora.
-Sor Águeda: ¿Qué me puede contar respecto a estas tres hermanas a quienes he confesado y que da la casualidad que las tres permanecen incólumes al contacto con varón?
-Pues verá su Eminencia Serenísima.  Tenemos un jardinero joven y atlético que voy a tener que despedir, aún siendo criatura inocente, porque cuando se pone a trabajar, se desnuda de cintura para arriba a pleno sol, cosa que vengo consintiendo al considerar que lo hace por necesidad, pues ya sabe su Eminencia que este verano, las calores aumentan de tal manera que no sólo él, nosotras bajo nuestros hábitos sudamos copiosamente.
-No siga, Madre, que yo también empiezo a sudar por dentro. Pero…, -ahora soy yo, quien pronuncia esa palabra-, en el caso de Sor Amancia a sus ochenta años…
-No tiene nada que ver con la edad. El conflicto es más profundo. Todas están enamoradas del jardinero, incluso esa vieja. Ella más que ninguna porque le gustaría aprovechar los pocos años que le quedan. No quiere morirse sin haber sabido nunca lo que es un orgasmo. 
-Madre, ¿Qué lenguaje es ese?
-Ya lo ve su Eminencia, yo también estoy contagiada. Las otras dos vírgenes que ha confesado, al ser testigo del ardor las demás hermanas, también se han contagiado.
-¡Pero Madre! ¿Tan hermoso es el doncel? Me gustaría verlo.
-Es un adonis, un prodigio de belleza.
-¡Sí, sí, quiero verlo enseguida!

En Madrid, a 29-5-2018
Francisco.







EL PLACER DE LA CARNE.

“Los había recibido una mujer de unos treinta años, dueña de carnes precisas y en su mejor estado de esplendor, ojos rasgados con asiática perversión y olorosa a Chanel nº5 rociado con generosidad.”
Eran cinco tíos como cinco templos, aunque su estado espiritual no casaba con este apelativo, porque si pervertida era la tal dama, más perversión había dentro de aquellos cuerpos serranos.
Nunca la carne tuvo escenario mejor para mostrarse e incluso para solazarse libremente y con todo lujo de detalles, aunque por ese pudor que corresponde a un escritor honesto no los voy a describir. Pero hay que decir, que en aquella orgía, hubo de todo y para todos los gustos. El Decamerón se queda en ridículo ante lo que allí, en aquella estancia lujosa tuvimos la ocasión de ver mi mujer y yo. 
Gertrudis, mi mujer, estaba escandalizada y se tapaba los ojos llena de horror. El marqués de Sade con toda su elocuencia y su esmerado ingenio, habría sido incapaz de describir aquellos episodios de alta miseria humana.
El perfume a Chanel de aquella dama, pronto quedó sepultado en un mar de pestilencias que, si yo fuera un buen novelista de estos que hay a la moda y que no tienen pelos en la lengua para describirlas, las iría exponiendo minuciosamente. Pero es el caso que no me atrevo, y las dejo ahí, sueltas entre el tiempo y el espacio para que otro con menos escrúpulos que yo realice este ejercicio.
Sonaron tales palabras, hubo tales ruidos, gritos, gemidos, vibraciones, que aquella habitación parecía que se iba a derrumbar sepultando a aquellos pervertidos ancestros. ¡Cuánto sentíamos Gertrudis y yo no habernos traído unas máscaras de gas, para evitar aquellos terribles olores!  Y no digamos las visiones.
He dicho ancestros, porque aquellos cinco tíos, no parecían seres de este mundo, sino cadáveres resucitados que se divertían con la propia Muerte. La propia Muerte, sí, porque la dama, echaba fuego por los ojos, hacia tales cosas, proponía tales ejercicios, que los mejores gimnastas, serían incapaces de realizar. Sacaba de los cajones de un armario, tales herramientas, tales elementos de tortura, que fue llegado un momento, que aquellos cinco hombres, ya no se reían, sino que se alejaban de ella e intentaban escapar a través de las paredes…  
Digo esto, porque la puerta de la habitación había sido cerrada en principio con gruesa llave que la buena señora, en los preliminares, había tirado por el estrecho ventanuco que servía de respiradero, diciendo graciosamente  a sus invitados, que de allí no saldría nadie vivo. Este detalle, apenas fue tenido en cuenta por ninguno de ellos, pensando en el festín que les esperaba y creyendo que era una broma. Ahora se daban cuenta que no era tal, que aquella al parecer divina mujer, les había embaucado. Que no era tan divina, sino un monstruoso engendro del infierno. 
Gestrudis y yo, detrás del ventanuco, nos compadecíamos a pesar del horror que nos hacía temblar, viendo como uno a uno, iban cayendo al suelo, ¡muertos!, ora por acerado puñal con el que la dama les tanteaba todo el cuerpo, o por las propias manos del compañero contagiado por los horribles deseos de ella.
En nuestras manos estaba la solución a este conflicto, echándoles a los que quedaban, la llave que estaba al pie de la escalera que habíamos colocado para subir hasta el ventanuco, pero no lo hicimos.  Bajamos cuidadosamente de allí, y nos alejamos en silencio llorando a más no poder.

En Madrid, a 22-5-2018
Francisco




EL HOMBRE DEL JIPIJAPA

El automóvil que ha ido bordeando los acantilados junto al mar, sube la empinada carretera que lleva a la factoría minera cuyas instalaciones se divisan allá en lo alto, al pie del desfiladero entre dos montañas.
Al llegar a la zona del estacionamiento, situada unos metros por debajo de las instalaciones, una vez el automóvil queda aparcado, se baja su conductor, un hombre con sombrero de paja y chaqueta de alpaca plateada, con unos elegantes pantalones negros a rayas. Mirando hacia arriba, ve brillar al sol el castillete de extracción de minerales y el chigre del plano inclinado que sube las tierras desde una tolva que está situada a pocos pasos de él donde termina la carretera que le ha llevado hasta allí. Los raíles del plano inclinado también brillan al sol en la espléndida mañana. Elevando más la vista, hasta la cumbre de las dos montañas, puede divisar entre ellas, la terrera de color ocre residuo de antiguas explotación mineras.
Girando la vista hacia la derecha, ve una tercera montaña formando una especie de anfiteatro con ellas, donde se distingue partiendo de la cima, otra terrera, donde unos hombres empequeñecidos por la distancia que existe, arrastran el mineral a unas canales que lo depositan  a una tolva bajo la cual está cargando un camión volquete allá abajo. Y ve, cómo éste una vez que se ha puesto en marcha, se viene acercando hasta llagar allí donde él está. Y cómo efectúa los giros correspondientes para situarse ante la tolva en posición de descarga.
Una vez descargado el mineral, sobre ella y vuelto el volquete a su sitio, el conductor se baja a orinar sobre la hierba situándose a un lado del camión, y desde allí, dice descaradamente al visitante, que no tenga prisa en llegar a las oficinas porque el señor director, (a quien supone que va a visitar), no ha llegado todavía; y la prueba es que su lujoso coche no está allí, pues sólo están aparcados algunas motocicletas y los humildes coches de los empleados.
El hombre se decide a subir por la empinada senda entre matorrales que conduce a la factoría cuyas naves grises se distinguen del edificio de oficinas de la compañía, situado aparte a la derecha, todo él de color azul claro con amplios ventanales que también brillan al sol.
 El camión se ha marchado a efectuar nueva carga en la tolva de la terrera, y el hombre ante el calor asfixiante, parándose en medio de la senda, se desprende del sombrero, con el cual empieza a abanicarse, no sin cierto temor de que algún bicho aparezca.
Y, esto se confirma, cuando al emprender la ascensión nuevamente, se levanta entre las matas, una enorme serpiente de cascabel, que también, allí empinada delante de él, le mira con descaro. Un sudor frío brota de su frente y empieza a bajar por su cuello y no se atreve a realizar el más mínimo movimiento. Si elegante y de buen ver es él, más bella, aunque siniestra, es aquella serpiente multicolor, cuyo silbido hiere los tranquilos aires de la mañana. Finalmente se repliega, ante la inmovilidad del hombre y empieza a alejarse.
El silencio del campo que se había producido ante este hecho, vuelve a ser roto por el piar de algún que otro pajarillo que había asistido a la escena y la vida vuelve a recuperar su ritmo. El hombre, saca un pañuelo de su pantalón, que como se puede observar, se ha humedecido por el lado de la pernera, y se limpia el sudor, al tiempo, que da unos pasos hacia atrás en intento de volver a su automóvil para emprender la retirada. El pantalón mojado le preocupa y puede ser un grave inconveniente para la entrevista, aunque como es negro, si toma las debidas precauciones, puede pasar inadvertido el caso, y así evitar el ridículo de dar explicaciones. Además, la mancha, debido al calor existente va desapareciendo rápidamente. En cuanto al olor, es cuestión de mantenerse a cierta distancia de las personas para que no sea percibido.
Una vez junto al coche, contempla pensativo el espléndido paisaje durante un largo rato, pues no sabe si subir a las oficinas o regresar a casa, puesto que el director, la persona que ha ido a ver, no ha llegado todavía y puede ser, que  no venga esta mañana. Decide sentarse en el coche a esperarle.
Desde allí observa el movimiento de la factoría: En primer lugar, fija su mirada en la vagoneta que sube por el plano inclinado, la cual al llegar al nivel del chigre cuyo maquinista se ve sentado allá arriba, es desenganchada por otro hombre, que inmediatamente la hace volcar sobre la tolva correspondiente. Y ya vacía, la vuelve a enganchar para que sea bajada.   
De pronto, es sorprendido por la dulce voz de una mujer o chiquillo que sale de debajo de tierra entonando unas tarantas. ¿Pero donde está ésta o éste?  ¡Ah, está en la parte inferior de la tolva que tiene al lado! Era lo natural y no se había dado cuenta. La vagoneta no tiene la facultad de cargarse sola; y alguien tiene que haber allá abajo, para accionar sobre la puerta de salida de las tierras y cargarla.


CONTINUARÁ

En Madrid, a 22-5-2018
Francisco.





LOS FERMENTOS

El general se entretuvo casi toda la mañana en la bodega del lagar. Había salido al viñedo de madrugada, junto con el vinatero, para ver que se podía hacer con dos barriles de vino que habían empezado a fermentar Eran las once pasadas cuando terminaron de embotellar el vino.
No sólo fermentaba el vino de su bodega, que también lo hacía el ánimo de algunas de las gentes de su reino. No sabía como atajar este mal, mucho más grande que el de sus vinos que, junto con el vinatero había resuelto tranquilamente.  Por la tarde, en su despacho, reflexionaba sobre el verdadero problema de la nación.
Habían transcurrido ochenta años de paz después de aquella guerra entre hermanos, que habiendo arruinado vidas y haciendas, hubo de iniciarse un grandioso programa de reconstrucción. Y no fue fácil, pero el inusitado ardor de sus súbditos, y ciertas reglas, simples, pero eficaces, implantadas por el mismo general, dieron como resultado una clase media robusta, y una nación próspera envidiada por muchas de las naciones del entorno. Era un filósofo. Y su filosofía contagió a muchos de los ciudadanos que, puestos a la exquisita tarea de filosofar, imaginaron que el Paraíso Terrenal, ese del que se viene hablando desde el principio de los siglos, podría llegar a tener efecto sobre el planeta, ya que en menos de un siglo, se había conseguido allí aquel cambio de convivencia tan espléndido.  
El caso es, que siempre que nos ponemos a soñar con el paraíso, nos salimos del reino de la Realidad, que no es otro que un reino natural y grosero donde los fermentos del odio que permanecen quietos y como muertos durante un tiempo, reanudan su actividad funesta y toman tal cuerpo y consistencia que, aquello que era un emporio de paz y armonía, se convierte en un páramo viscoso donde se enredan los pies y se atan las manos, donde la vista, el gusto, el olfato, el tacto y el oído, se pierden paulatinamente sustituidos por esa masa viscosa, que no es otra cosa que este odio maldito.
El filósofo se preguntaba: ¿Cómo es que el amor, esa esencia divina, que todo lo armoniza, cuando ha tomado posesión de un cuerpo, de pronto, dentro del mismo empiezan a surgir esos fermentos del odio que todo lo destruyen.? ¡Ah,! -clama, ¡Cuan fácil sería, resolver el asunto, si como el vinatero y yo, esta mañana, se procediera con esa masa de gentes, fraccionándola en botellas que, colocadas en el lagar un tiempo después dieran como producto espirituoso vino!    
El chambelán del reino que permanecía callado en una de las esquinas de la habitación esperando órdenes, ante estas palabras, se coloca ante él en posición de firme y le dice que, “eso es cosa fácil de hacer”.
-¿Cómo? -exclama el viejo general.
-Pues comiendo. Verá su Excelencia, lo mismo los afectos al régimen que los de la oposición, serían enviados a vivir con sus familias a nuevas ciudades de cristal que, valga el símil, serían esa especie de botellas donde unos y otros, estarían encantados de la vida y cesando entre ellos las rencillas, acabarían viviendo en paz y concordia.
-¡Ah, Francisco! ¡Qué buena idea se te acaba de ocurrir! Ciudades modernas con todos los adelantos tecnológicos, donde se pudiera disfrutar de toda clase de comodidades, donde  la vocación de cada uno de los ciudadanos pudiera tener un espacio para su desarrollo, donde no habría que preocuparse por el fastidioso caso del transporte; con duchas, con piscinas, con fabulosas cocinas donde se confeccionaran toda clase de productos gratos al paladar, en un ambiente perfumado falto de gases contaminantes, que tanto irritan; donde toda la sabiduría desarrollada durante milenios, estuviese a disposición de las gentes y desde el niño más pequeño hasta el hombre más sabio, tuviese acceso a ella, para por ese medio, no caer en el error…

En Madrid, a 22-5-2018. 
Francisco






Pintura de Ángeles Martínez Pomata
Todavía en pie
 
                             Un paisaje de pintura al óleo hecho con espátula.
                                                          Still standing A landscape of oil paint made with spatula.




Sólo al inclinar la copa (por Stefan Zweig)

Leve se mueve el baile de las horas
sobre los cabellos ya plateados,
porque sólo al inclinar la copa
se ve con claridad el fondo.
Presentir cerca la noche
no produce confusión, sino calma.
El puro contemplar el mundo
es sólo del que no desea nada.
Ya no pregunta lo que alcanzó,
ya no lamenta lo que perdió.
Para el viejo es sólo el leve
inicio de su despedida.
La mirada nunca brilla más
que cuando la encienden las últimas luces.
Nunca se ama más la vida
que a la sombra de tener que abandonarla.






68.- LIBROS LEIDOS BIBLIOTECA BIB DEL BARRIO a partir de enero 2015
190 páginas

TÍTULO: EL ÚLTIMO ENCUENTRO

Autor.- Sándor Márai

Libro recogido en la BIB, el 7-5-2018 para ser entregado a los quince días.
Sándor Márai nació en 1900 en Hungría. Como todos los escritores víctimas de la desaparición del Imperio Austrohúngaro y de los tremendos cambios sociales que ha sufrido la humanidad desde entonces, siente un desencanto ante la vida, que se trasluce en todas sus novelas. Casi todos los escritores nacidos alrededor de 1900, han acabado, suicidándose por eso que Gilles Lipovetski denomina “El vacío de la existencia”

COMENTARIOS.-  La trama de esta novela es preciosa; los diálogos plenos y precisos; es una maravilla de lenguaje; se cuida hasta el más mínimo detalle, en los movimientos de los personajes, las minuciosas descripciones, las frases, los fragmentos. Es una reflexión profunda sobre las dos cosas más importantes de la vida: el amor y la amistad. Y por encima de ambas, la pasión; ese algo que marca nuestra vida y que es de una manera u otra, el motor principal que nos ha ayudado a sobrevivir. Un estudio preciso de los comportamientos de los seres humanos que refleja perfectamente las circunstancias de la vida. Y muchas más cosas; por ejemplo, la soledad, las enfermedades en el exilio. Un libro que se presta a profundas reflexiones, dejando en el aire muchas preguntas difíciles de contestar. Una joya literaria. En 190 páginas dice más que otro en mil. Lleva el suspense hasta el final. Va soltando datos poco a poco, sin prisa, algo así cómo el lento discurrir de un río que observamos desde la orilla. Y va construyendo un mallazo de gran belleza con esa especie de puntada que es cada dato. Se recrea en la muerte y la vejez, reflejando el vacío de la existencia. Nini es un canto a la inocencia. La figura de Niní me enterneció desde el primer momento. Aunque es el personaje que pasa desapercibido, es el más importante de la novela. La impregna de un perfume exquisito. Es el complemento del alma de Henrik. Los dos primeros capítulos dedicados a ella son conmovedores. Y ese beso final entre los dos que remata con esta frase, lo dice todo:
Este es una respuesta a una pregunta que no se puede expresar con palabras.
 ¿Qué es aquello que no se puede expresar con palabras, sino lo sublime, eso que se tantea y nos acerca a ello por medio del arte?
Son muchos los temas tocados en este libro: El de la diferencia entre los seres humanos pura acción y violencia, y los de alma sensible, cuyo placer es el arte en general, música, pintura, literatura, etc. Necesitamos unos de otros y lo expresa claramente en la página 156 con el símil de la “corriente alterna”  Lo del instinto de matar de las páginas 112 y siguientes, es algo que invita a profunda reflexión. La raíz de las palabras “matanza y beso”: olés y olelés
No sigo.


En Madrid, a 19-5-2018
Francisco






UN VIAJE A TIERRA SANTA

Capítulo 7º.-

Ya reconfortados por el ejercicio y el contacto de nuestros cuerpos con el agua, emprendemos en silencio una larga caminata. Ambos vamos reflexionando sobre lo que hemos dicho y ninguno tenemos ganas de volver a liarnos con palabras. Llegamos a la orilla del lago sin tropezarnos a nadie en nuestro camino. Aunque pienso que alguien tendría que haber porque estamos en una ciudad populosa, pero puede ser que nuestro grado de ensimismamiento sea tan grande, que solo nos estemos viendo a nosotros mismos. Me suele ocurrir muchas veces al deambular por las calles de Madrid. Ante mis ojos aparece este precioso cuadro:


-Son pescadores que están trabajando en la salazón del pescado. –exclamo gozosamente.
-Así es efectivamente. Uno de ellos es Simón. Vamos a verle.
Simón, al vernos avanzar hacia el taller improvisado sobre la arena, se viene hacia nosotros. Es un muchacho que semeja unos veinte años, con espesa barba negra, y se mueve con enorme agilidad, cual si en vez de andar, fuera un ave que ha llegado volando. 
-Simón, te presento a mi amigo Paco, que viene a visitarnos desde el futuro.
-Mira que bien. –Dice estrechando la mano que le tiendo.
-Estoy encantado de conocerte. –Le digo.
A pesar de mis muchos años de edad y de haberme enfrentado a difíciles situaciones, siento cierta timidez al tratar con este hombre que si no recuerdo mal sólo tiene dieciséis o diecisiete años según me ha dicho Jesús. También a él empieza a apuntarle la barba y sólo tiene once años escasos. Son dos casos de madurez, que no deben ser únicos por aquellos lares. Y no se me ocurre otra cosa que preguntarle:
-¿Qué clase de pescado es ese que está colgando de un gancho aquella mujer de la blusa amarilla?
-Es un musht.
Me quedo esperando que diga algo más, después de esta lacónica respuesta, pero el mozo tiene pocas ganas de hablar y me veo obligado a preguntarle nuevamente:
-Y ¿qué clase de pez es?
Es Jesús quien entonces toma la palabra, probablemente temiéndose que su amigo no conteste y pase de mi olímpicamente. Esto que le ha dicho de que yo era un hombre del futuro, parece que no ha suscitado su curiosidad y no le intereso poco ni mucho. Y dice Jesús:
-Es un pez tropical que se congrega en la parte norte del lago atraído por el agua tibia de los manantiales que desembocan en él. Esto ofrece a los pescadores, la oportunidad de realizar capturas abundantes en ciertas épocas del año.
De pronto, sin que nadie se lo diga, es Simón quien toma la palabra, y dirigiéndose a mi afectuosamente, me dice mostrando una moneda un tanto corroída:
-¿Ves este sestercio?
-Si le veo, aunque no se bien lo que es un sestercio.
-Pues se lo he sacado de la boca a uno de los peces que hay colgados ahí.
-¿Como es eso?  ¿Es que también bajo las aguas del lago existe la transacción comercial entre los peces y circula el dinero como Perico por su calle?
Ambos amigos se ríen estrepitosamente ante mis palabras y es Jesús quien recuperando la calma, me  dice que, en la primavera, los musht se aparean  y los padres llevan los huevos en la boca durante un  tiempo hasta que maduran. Y para prevenir que se metan después una vez convertidos en peces vivos, ingieren piedras y guijarros del fondo que mantienen dentro de ella. Esa es la causa de que el pez llevara una moneda en la boca junto a otros guijarros. Simón después de su ataque de risa, se ha vuelto más jovial, y se decide a hablarme. Pienso que su cortedad del principio, debió ser, al verme tan viejo, y Jesús,  adivinando lo que estoy pensando, se adelanta diciendo:
-En la Galilea baja, en la que estamos, profesamos culto a la ancianidad, y el respeto que sentimos ante un anciano, es tal que a veces nos quedamos mudos.
-Bueno. Yo tendré el aspecto y los años de un anciano, -contesto un tanto molesto-, pero mi espíritu es tan joven o más que el vuestro.
-¡Eso es lo que queríamos oírte! –Salta Simón de improviso. Y prosigue: El espíritu no tiene edad.
No me encuentro con ganas de entablar larga conversación sobre el tema del espíritu y me temo que Jesús en su obsesión, pronuncie la palabra “alma” una vez y otra como lo viene haciendo, lo cual empieza a cansarme; así es, que cambio de tema astutamente haciendo una pregunta tonta sobre los dos hombres que están metiendo en unas botas o medios barriles, unos peces más pequeño que supongo deben ser sardinas. Y pregunto:
-¿Qué está haciendo ese hombre del blusón amarillo y el otro del blusón encarnado inclinados sobre esas orzas de madera?
-Están apilando sardinas. -Dice Simón. Y Jesús añade:
-Las van depositando por capas. Una vez tienen una capa de sardinas lista, la cubren con una capa de sal y a continuación, depositan sobre ella otra capa de sardinas.
-Mira que bien. –Digo. Y prosigo:
-¿Y de donde viene tanta sal cómo se necesita en esta ciudad para la salazón de pescado, que según la fama es la industria principal de este pueblo o ciudad?  Porque el Mediterráneo está lejos de aquí y si hay alguna salina allí, el transporte debe resultar bastante caro.
-La traemos del Mar Muerto. –Dice Simón. Y Jesús:
-Te equivocas, Paquete, que el Mediterráneo está más cerca.
Miro nuevamente al grupo de pescadores, y al ver al que está de espaldas a la mujer que cuelga el pescado, que maneja un hacha para descuartizar uno, aunque se lo que está haciendo y no necesitaría preguntarlo, pregunto:
-¿Qué hace ese hombre del jersey rojo que tiene en la mano un hacha?
Contestación:
-Está descuartizando el pescado que echa en trozos a la artesa, de donde lo recogen después para venderlo o llevarlo a cocinar. El de la túnica roja y el otro de amarillo con un sombrero se ocupan de ello.
-¿Y ese último de azul que enarbola una guadaña detrás de ellos? 
Simón que ha visto que hago preguntas tontas sin interés alguno en la respuesta, y para pasar el tiempo, me dice desabrido:
-Adivínalo.
No le he caído bien y el a mi tampoco. No me gustan sus modales. Va vestido como el de la túnica roja que maneja su tridente sobre el pescado de la artesa, y lleva también un gorro parecido. He distinguido dos bultos sospechosos bajo la ropa en su cintura, lo que me hace pensar que deben ser un par de puñales. Su respuesta me ha molestado y me he quedado mirándole fijamente intentando trasmitirle que no le tengo miedo. Jesús interviene intentando quitar leña al fuego:
-Simón pertenece al movimiento de los zelotes, que dirige Judas el Galileo, el cual ofrece resistencia armada al censo que, con propósitos fiscales fue decretado por el legado romano Quirino que reside en Siria, donde Roma tiene establecido su cuartel general.  Es una injusticia que no debemos tolerar, y si yo no fuera enemigo total de la violencia, también me sumaría a esta causa que considero totalmente justa. Lo mismo en Judea que en Samaria y Galilea, sufrimos un feroz régimen de impuestos, y vivimos la miseria más espantosa. 
-Pero la violencia, es algo inútil y reprobable, porque engendra más violencia y se acaba en guerras y matanzas impropias de seres civilizados.
Simón interviene al decir yo esto.
-¿Vienes a darnos tu lecciones de civilización? Nosotros somos el pueblo elegido por Dios y siempre lucharemos por la Libertad, somos descendientes de los macabeos, devotos del Dios único y verdadero. No aceptamos los dioses falsos de esos paganos, ni estamos de acuerdo con los asquerosos publicanos, que siendo de nuestro pueblo se unen a ellos para cobrar los impuestos, ni los partidarios de Herodes que vilmente se someten a todos sus caprichos y soportan todas sus indignidades.
Habla Jesús:
-Yo odio la violencia y seguiré luchando contra ella mientras viva. Intento convencer a Simón, de que este camino que sigue no es el indicado, porque no conduce a ninguna parte, pero ello no quita para deje de comprender su nobleza y considerarle uno de mis mejores amigos.
Nos quedamos los tres callados durante bastante rato, mientras nos dedicamos a observar el trabajo de los pescadores. Simón, viendo que miro insistentemente al hombre de la guadaña, me pregunta:
-¿Todavía no has adivinado quién es ese hombre?
-Pues no.
-Pues es Judas el gaulonita, mi jefe, que acaba de llegar procedente de nuestra fortaleza de Masada.
-¿Y que está haciendo? –le pregunto.
-Está amenazando precisamente a unos publicanos que hay detrás y que no vemos desde aquí, los cuales han venido a importunar a estos pobre pescadores.
-¿Tu no estabas con ellos?
-Si, lo estaba –contesta Jesús en su lugar-, Simón les estaba ayudando en su faena y también lo hacía Judas antes de llegar esos tíos.
-Me gustaría verlos.
-Pues vamos allá.


CONTINUARÁ











ADIÓS A LA VIDA.

Tienes en tus manos el ser feliz y estás indeciso pensando qué procede hacer en primer lugar si preparar las maletas mientras Helena está comprando en el mercado y salir corriendo de estampía a la estación más cercana montarte en el primer tren que pase aún sin haberte entretenido en sacar billete a riesgo de que el revisor te haga pagar el doble has pasado una noche de perros en la cama oyéndola roncar sin atreverte a despertarla por los bufidos que te ha soltado en las dos veces que lo intentaste te es infiel con Ernesto y estaba cansada cuando volvió por la tarde a casa. no quieres pensar lo que estarían haciendo después de la comida en el lujoso restaurante donde estuvieron mientras tu comías solo en casa el plato de puré que siempre deja preparado para que lo calientes en el microondas sin otro aditamento que un mendrugo de pan del día anterior vida perra que te toca vivir por no seguir los buenos consejos de mamá que esta mujer no era buena para ti. ¡Ah, la traición de los sentidos! Ese perfume que usa para las axilas y otras partes íntimas te tiene loco. Esa voz tan dulce que te enamoró aquel día que fuiste a ver Tosca en el teatro Real donde ella era Floria. Tú te sentiste Mario. Tu, que desde niño cantabas aquello de E lucevan le stelle, 
Ed olezzava la terra  Stridea l'uscio dell'orto 
E un passo sfiorava la rena…,
te desmembraste cuando entonó el Vissi d’arte, vissi d’amore,/ non feci mai male ad anima viva!/ /Con man furtiva /quante miserie conobbi aiutai. (Vivì de arte, vivì de amor /nunca hice daño ni siquiera a un alma./ Con mano furtiva,/ ¡cuantas miserias conocì y ayudè!
¡Ay, Paco! ¡Cómo caíste en la trampa! Esa trampa que pone la Belleza al ser ignorante que se deja atrapar por ella. ¡cuantas miserias conocì y ayudè! ¡Mentira! ¡Que mentira más espantosa! No ha sido capaz de remediar su propia miseria. ¿Y tú, poco hombre, gusano vil y asqueroso… qué has hecho de tu vida? Te las prometía muy felices cuando cantabas a pleno pulmón el ADIOS A LA VIDA. Soñabas que darías tu vida por los demás, para así recuperarla más tarde. ¿Qué has hecho de ella? ¿Dónde está ese romanticismo del que hacías gala tan a menudo? Te considerabas religioso, practicabas o creías practicar la religión del amor;  tu amor al hombre, el amor a la Patria, tu amor a Dios. De ahí caíste en el amor a la naturaleza. Para ti las flores, con sus variados perfumes eran la presencia de Dios en la tierra; las cogías en tus manos y las acariciabas dulcemente, impregnándote de su fragancia, diferenciándolas, soñando que venían de otros planetas donde ese era el perfume general de cada uno. Y te complacías mirándolas, estudiando sus figuras, siguiendo las líneas sinuosas de sus perfectas estructuras. Las sentías bullir entre las estrellas que contemplabas por las noches. Tu amor metafísico, nació al mismo tiempo que eyaculabas por primera vez. El olor a semen, te recordaba el dulce y cálido de la noche. Tus orgasmos, acababan siempre en  fusión con el infinito. Soñabas con la mujer ideal y creíste encontrarla, ese día en que fuíste a vez Tosca en el palacio Real. Entraba ella fragante, te caía en los brazos. Y te cayó. Eras entonces un guapo mozo. Le hacía mucha gracia oírte cantar aunque desentonabas. Siempre estuviste falto de oído. Tampoco la vista te acompañó lo suficiente para que vieras las cosas como son en realidad. En cuanto al tacto, lo mismo el de los dedos que el de la mente siempre te han fallado. Eres un paranoico, un ser imperfecto al que nadie puede amar. Por eso Helena te aborrece, por eso se ampara con Ernesto que es más hombre que tu. O dolci baci, o languide carezze, L´ora é fuguita E muoio disperato! E non ho amato mai tanto la vita!

En Madrid, a 8-5-2018. 
Francisco.













LA TRAICIÓN DE PEPE.

No se que hacer. Pepe me ha dejado. Cuando he llegado esta mañana a casa después del turno de noche, me ha dicho abiertamente que me dejaba porque se iba a vivir con Narciso.  Así de claro. No sé que les pasa hoy en día a los hombres que los prefieren a las mujeres. Hacía tiempo que no hacíamos el amor. Siempre me decía que estaba cansado. ¿Cómo no lo iba a estar si venía de acostarse con ese mal nacido que le acompaña en las guardias por las noches?. ¡Menudas guardias!  Pero se va a enterar, se van a enterar los dos, porque se lo pienso decir a Don Florencio, su jefe de personal. Seguro que les despiden y entonces se les va a quitar las ganas de… 
¿Y yo que hago aquí sentada?. ¿Porqué me he apresurado a hacer las maletas y venir a tomar el tren? ¿Estaré loca? ¿No hubiera sido mejor quedarme en casa y reflexionar sobre mi nueva situación?. Pensándolo bien, me está haciendo un favor con haberse marchado. Ahora soy libre y puedo hacer lo que me venga en gana. Realizar mis sueños. Hombres no me van a faltar, pues estoy de buen ver. No me explico cómo ese maldito prefiere al esquelético compañero de trabajo. No tenía que haberme apresurado a llamar a mamá que, al enterarse, me ha dicho que me vaya con ella al pueblo. Aquí en la ciudad tengo más posibilidades de superarme y ser feliz. Dispongo de la casa para vivir y trabajo no me falta. ¿Qué estoy haciendo aquí?. Bueno, por un día que falte en el ministerio nadie se va a preocupar. Puedo decir que me tomo uno de los moscosos. Esta vía que tengo delante, me sugiere muchas cosas. ¡La vía! ¡Qué interesante la historia del ferrocarril en comparación con la del ser humano en general. Las vías muertas. Las vías útiles como esta que tengo delante, por las que pasan trenes. La Universidad, mi licenciatura en filosofía y letras. ¿Porqué siendo una mujer culta me dejé engañar por este desgraciado? Es inferior a mi en todo. Apenas sabe escribir y sumar. No ha leído un libro jamás. No piensa nada más que en comer y dormir. Bueno, también en lo otro, aunque prefiere hacerlo con hombres. ¡Será cochino!... ¿Y si cogiera el primer tren que pasa en lugar de esperar este que me lleva al pueblo? Seguro que me canso al tercer día de estar allí, con esos paletos que no saben ni la o y que se las dan de machotes. Bueno, alguno debe haber allí que no sea como Pepe. Pero no me interesa, tanto tiempo sin practicar el sexo que ya no me interesa. Se puede vivir sin él. ¡Si hubiera podido tener un hijo! Al menos esto me hubiera consolado. ¡Pero no! Que ahora los críos son muy descreídos y te dan muchos quebraderos de cabeza. Mejor como estoy. Lo que si voy a hacer en este momento, es recoger la maleta y el neceser y regresar a casa. No voy a ver a mamá. Definitivamente me quedo aquí, en la ciudad, a emprender una nueva vida. Soy funcionaria. Tengo trabajo estable. Un ser privilegiado.
                                                                                 
En Madrid, a 8-5-2018.
Francisco





CONSAGRACIÓN Y DESENCANTO
DEMOCRÁTICOS . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 59
Los comportamientos consumistas han
alcanzado la esfera política. Al mismo
tiempo, el éxito de la democracia liberal
ha menguado el entusiasmo por
ella. De ahí una pregunta insólita: ¿no
será la democracia un bien de consumo
como cualquier otro? Gilles Lipovetsky
sondea a la ciudadanía hipermoderna,
que es capaz de combinar el abstencionismo
más veleidoso con la indignación
más sincera ante la sospecha de
que se atacan los principios del derecho
y la libertad.

LA LIGEREZA COMO MUNDO Y COMO CULTURA
La ligereza no se limita ya a ser una dulce divagación poéti­ca. Describe nuestra cotidianidad tecnológica, un universo transistorizado y nómada. Small is better: nuestro cosmos técni­co se miniaturiza de manera incontenible, se aligera, se desma­terializa. Escuchamos toda la música del mundo en aparatos li­geros como el aire. Vemos películas en tabletas táctiles que caben en el bolsillo. Microelectrónica, microrrobótica, microci­rugía, nanotecnología..., lo infinitamente pequeño se impone como nueva frontera de la innovación y el progreso. La ligereza ya no se ve tanto en el estilo como en los nuevos materiales, en las redes sociales, en la miniaturización llevada al extremo. He­mos pasado de la ligereza imaginaria a la ligereza-mundo.
La miniaturización y la conquista de lo minúsculo se hallan embarcadas en una carrera hiperbólica. Nuestra época es testigo de la aparición de la «ingeniería liliputiense» que manipula áto­mos a voluntad, transforma las propiedades de la materia, crea materiales nuevos, manipula los genes, fusiona materia viva, materia inerte a escala nanométrica. La revolución de la ligereza no pertenece al imaginario ficticio: Al invertir en la esfera submicroscópica, inventa un mundo que afecta a todos los sectores de la vida. Comienza una nueva era de la ligereza que coincide con un momento de tecnología avanzada.


6-5-2018





67.- LIBROS LEIDOS BIBLIOTECA BIB DEL BARRIO a partir de enero 2015
177 páginas

TÍTULO: PAÍS DE NIEVE

Autor.- Yasunari Kawabata

Recogido en la BIB el 23-4-2018 para ser leído y comentado en quince días. La profesora sigue siendo Inés Mendoza.

COMENTARIOS.-  Como novela no tiene el más mínimo atractivo; sin embargo, es un canto sublime, un poema especial dedicado al mundo de la nieve, impregnado por la presencia exquisita de dos figuras de mujer, musicales, etéreas. Komako es la diosa de la música; Yoko es la música misma.
El poema está diluido entre la masa de letras y palabras intranscendentes, con multitud de fragmentos deliciosos que se extienden desde el principio al final; y sobre ellos surge como figura hermosísima el espíritu femenino, la belleza del alma de la mujer. Es difícil creer que cualquier mujer al leer este libro, no se estremezca ante su poderoso encanto.
PAÍS DE NIEVE representa, como si de una bella pintura se tratara, el estado del alma de Yasunari Kawabata que, terminó suicidándose falto de estímulos para seguir viviendo. Refleja la tristeza del alma de todo poeta, alma sensible, que tiene que soportar día a día el suplicio de contemplar una humanidad que camina derecha a su destrucción y la de la vida en el planeta que habita. Un año antes se suicidaba Yukio Mishima por la misma razón.

ALGUNOS FRAGMENTOS DE LOS MUCHOS DEL LIBRO

Pág 16.-
Había belleza en aquella voz clara y vibrante que rodaba como un eco por la nieve y la noche, y poseía un acento tan conmovedor, que llenaba el corazón de tristeza.

Pág 21.-
En el cielo nocturno, por encima de las montañas, el crepúsculo había dejado unas pinceladas purpúreas…

Pág. 22.-
De pronto, en aquel momento, una lucecita lejana resplandeció en medio del rostro. En el juego de los reflejos, al fondo del espejo, la imagen no se imponía con la consistencia suficiente para eclipsar el resplandor de la luz, pero tampoco era tan vaga como para ser borrada por ella. Y Shimamura pudo seguir el movimiento de aquella luz que recorría lentamente el rostro sin deformarlo ni borrarlo. Un frío destello perdido en la distancia. Y cuando su diminuto fulgor prendió en la misma pupila de la muchacha, cuando se sobrepusieron y se confundieron el resplandor de la mirada y el de la luz clavada en la lejanía, se produjo un verdadero milagro de hermosura, abierto en flor en un reino imaginario, con aquel ojo iluminado que parecía navegar sobre el océano de la noche y las rápidas olas de las montañas.
  
Pág. 23.-
La noche y todo el paisaje de la noche habían tomado posesión de la ventanilla, que, al detenerse el tren, había perdido todo el hechizo de espejo improvisado.

Pág. 41.- El cielo permanecía invisible, oculto por la pantalla casi negra de los cedros, que crecían muy densos en aquel punto, entremezclando sus ramas y extendiendo sus verdes agujas. El silencio y la paz ascendían como un cántico.

Pág. 55.-
La noche permanecía inmóvil, petrificada, sin la menor sospecha de brisa, y el paisaje se revestía de una austera severidad. Daba la impresión de que, en el suelo, un gruñido sordo respondía al crujido del hielo que aplastaba la nieve por todas partes, en el llano. No había luna. Las estrellas, en cambio, parecían casi demasiado numerosas para ser reales, tan brillantes y tan cercanas que uno esperaba verlas caer y precipitarse en el vacío. El cielo permanecía refugiado detrás de ellas, cada vez más profundo y remoto, tendente a las fuentes entenebrecidas de la noche. Las cumbres de la alta cordillera, confundidas en una sola línea de crestas, alzaban hacia el cielo estrellado su masa imponente, recortando en él un horizonte inquietante, enorme y negro. Sin embargo, sobre el conjunto del paisaje reinaba una sola armonía, hecha de pura serenidad y de grandiosa tranquilidad.

Pág. 80.-
Komako había clavado los ojos en el cielo purísimo que se extendía sobre la nieve. “Con un tiempo como este, la resonancia cambia mucho”  La riqueza de la sonoridad y su poder armónico eran, en efecto, tal como ella lo había sugerido. ¡Y qué diferencia, por otra parte la del ambiente! Aquella soledad íntima, lejos del ajetreo de la ciudad, lejos del artificio de la escena, sin los muros del teatro, sin el público, en el corazón de aquella mañana clara de invierno, en aquella transparencia de cristal en que el cristal de la música parecía levantar su canto vibrante y puro hasta las cumbres nevadas de las montañas, a lo lejos, en el horizonte…
Entregada a ella misma, estudiando a solas su música en aquel rincón perdido de sus montañas, tal vez Komako habría penetrado en los recursos mágicos, en los poderes secretos y en las virtudes de aquella naturaleza con la que, quizá sin saberlo, comulgaba hondamente.









UN VIAJE A TIERRA SANTA

Capítulo 6º.-

-Tampoco te has dado cuenta de que estamos sudando debido a la larga caminata, así es que te propongo que nos demos un baño.
-¿Donde? Pues el lago está algo lejos y yo estoy cansado.
-¿Dónde va a ser sino aquí?
-Cómo que aquí?
-Sí, aquí.
Veo que el niño se ha despojado de sus ropas y empieza a descender por los siete escalones de lo que dijo antes ser una balsa de pescado.
-¡Estás loco! –exclamo-, ¿no dijiste que esa balsa estaba llena de pescados vivos recién cogidos en el lago?
-No dije eso. Dije que este era un silo para la conservación de pescado y me expresé mal. Como este hay muchos silos estancos para tal fin. Pero este en el que estamos, forma parte de una red de alcantarillas, tan perfecta, que ya quisieran para si muchos de tus paisanos urbanistas. A este viene agua pura del lago y es un placer darse un baño aquí. Verás como salimos renovados y dispuestos a ver cosas de esta ciudad hoy por hoy la más importante de Galilea. 
-Eso no me lo dijiste antes.
-Es que no ha habido ocasión. Anda ¡decídete!
Ante estas palabras, no lo dudo más y también me desnudo y desciendo por los escalones metiéndome en el agua. 
 

Pero el niño que estaba allí abajo, ya no está. Puedo divisar una luz a lo lejos dentro de una bóveda no cubierta del todo por el agua. A través de ella llega a mi su voz: 
-No te asustes y avanza sin miedo. Puedes hacerlo a pie si no tienes ánimos de nadar. El agua no cubre más allá de los hombres y en tu caso, te llega por la cintura y un poco más.
Veo que así es efectivamente; y animado por sus palabras procede a darme el primer chapuzón. ¡Qué sensación tan agradable!  Me atrevo incluso a dar las primeras brazadas en dirección al lugar de donde procede la voz. Hacía tiempo que no nadaba tan a gusto. El niño, unos cincuenta metros delante de mí, empieza a cantar. Y si dulce es su voz, más dulce que almíbar es lo que dice: Habla de un mundo donde no existen los soldados, donde ha desaparecido la tiranía, donde no existen las armas y si solamente las herramientas para el uso normal y corriente. Donde nadie hiere a nadie, con armas y menos aún con palabras. Le oigo decir:

…no me gustan las palabras,
ni sus efectos dañinos,
me gusta que el pecho abras
andando por los caminos,
siendo tus pasos divinos
al tiempo que tu alma labras.

-¡Ay, Jesús –exclamo-, si esto dices con sólo diez de edad, que no dirás cuando llegues a los treinta!
Al llegarme hasta él, situado en una rampa igual a aquella por la que entramos, veo que corren por sus manos varias serpientes de agua, las cuales se enroscan suavemente alrededor de su cuerpo, acariciándole. No le dan miedo, sino al contrario; su roce le produce placer y una sonrisa beatífica se extiende sobre su rostro. El cuadro que presenta es bellísimo. Las culebritas de apenas un metro, son de de distintos colores y sus pieles brillan al sol, espléndido en esta mañana, lanzando destellos deliciosos en su movimiento. Ante mi asombro, me dice que todas ellas acuden desde distintos lugares del lago a celebrar allí bajo el subsuelo, una especie de fiesta o convención. 
-Y a ella me sumo. –acaba explicando.
-¿Y no te dan asco o miedo?
-¡Qué va! Ya ves que me producen placer.
-¿Quién te ha enseñado esto? ¿Acaso tu amigo Simón?
-No. Fue mi padre quien me trajo aquí por primera vez para curarme del miedo. Él también cuando viene a Magdala le gusta bañarse conmigo. Una de las principales tareas de los padres en estos tiempos, es conseguir que sus hijos pierdan el miedo y la repugnancia ante los fenómenos de la vida, lo cual cuando se consigue, conforma uno de los pilares que sostienen, el glorioso edificio de la libertad, dentro del campo de nuestra alma. Pero vamos a seguir, que nos estamos enfriando y no es bueno que nos acatarremos.
Y diciendo esto, se desprende suavemente de los dulces ofidios y vuelve a sumergirse introduciéndose a continuación por otra bóveda que se abre ante nosotros. Vuelvo a darme un segundo chapuzón y me pongo a nadar detrás de él, pero lo hace con tanta rapidez que pronto se pierde de mi vista. Desde la rampa lejana cuya luz diviso, me llega la siguiente canción que ahora emite con voz sonora:

Es mi alma una alcancía
cuyas paredes de barro
brillan con la luz del día,
luz que ferviente agarro
para vencer la falsía
con la que el César guarro
mantiene su tiranía.
Al llegar ante él, le digo:
-Veo por estas letras, -que no me han parecido tan buenas como las anteriores-, que estás obsesionado contra Tiberio, a quien consideras tu enemigo.
-Estoy obsesionado contra el poder. Lo mismo el de Tiberio que el de Antipas, que no deberían existir; y me produce inmensa tristeza la ignorancia de mis gentes que no se dan cuenta de qué manera tan sutil son manejadas por ese par de tiranos. 
-En eso te equivocas, La tiranía no es fenómeno que se produce en los que ostentan el poder, que es más bien una de las taras del alma humana.
-Sí, lo se. Se que dentro de cada persona hay un virus de tiranía, que una vez has llegado al podio del poder, se desarrolla, siendo el caso, que muy pocos, -a ninguno conozco-, que se haya librado de tan perniciosa enfermedad.  En cuanto a lo que dices sobre esta segunda canción, cuya letra no te ha parecido tan buena, tienes mucha razón y estoy arrepentido de haberla improvisado, pero ya ves, es el problema de tener que utilizar las palabras para expresar lo que sentimos. Y yo siento asco contra estos dos personajes que son dueños de nuestras vidas y haciendas.
-¿Qué solución propones? Ellos son los defensores de la Ley. Bajo su mandato existe el orden. ¿Quieres acaso volver a los tiempos de Moisés antes de establecer las tablas de la Ley o a los de Sodoma y Gomorra?
Ante estas palabras, el rostro del niño se cubre de un negro velo de tristeza y sus mejillas se enrojecen al tiempo que dos gruesos lagrimones ruedan sobre ellas. Permanecemos en silencio largo rato sentados sobre los escalones de la rampa mientras el sol empieza a dorar nuestra piel. Le he herido con mis palabras y ello me pesa. No debía haberlas pronunciado. Me responde:
-Se que la condición humana, poco ha variado a través del tiempo. Que somos cual aquellos hombres primitivos que vivían subidos a los árboles. Nos consideramos animales racionales, pero la irracionalidad forma gran parte de nuestras almas y aparece cuando más descuidados estamos en nuestro orgullo al creernos seres superiores. 
-Entonces, ¿qué?
-No debemos desesperar. La desesperación es una nube que ensombrece el alma. La condición del hombre es la causa que impide disfrutar de la libertad verdadera, donde reinando ella, cada hombre sería dueño de su vida. Esto sería en un mundo donde este estaría regido por su propia conciencia, sin tener que obedecer a tiranos.
-O sea, ¿un mundo sin ley?
-Sin ley no. Pues existiría esta que yo defiendo. La de amar al prójimo. Y realizar este ejercicio con tal intensidad, que ningún mal puedas causarle con tu conducta, amándole cómo te amas a ti mismo.
-¿Y tu crees, mi buen Jesús, que yo me amo a mi mismo debidamente y con todo el rigor?  ¿No ves que una parte de mi condición como ser humano, me impulsa a mi propia destrucción y que en la mayoría de los casos no practico amor sino odio a mi mismo? Cada día que aumenta nuestra situación de seres civilizados, más odiosos nos volvemos contra nosotros mismos, con la dificultad que esta engendra. ¿Crees que puede llegar un momento en que existan seres humanos libres de taras?
Otros dos gruesos lagrimones saltan de los ojos de Jesús y caen directamente al agua de los canales, lo que hacen que me haga esta terrible pregunta:
-¿De que servirán estas lagrimas?
Nuevamente su cara se transfigura, y poniéndose rápidamente de pie, vuelve a sumergirse al tiempo que me dice que le siga. Nos hemos acalorado con nuestra conversación y comprendo que es bueno que volvamos a enfriarnos. El agua es germen de vida y tenemos el privilegio a nuestro alcance de poder disfrutarla. Jesús me está esperando al pie de esta tercera rampa ya en la calle y completamente vestido.
-¿Qué es esto? –le pregunto completamente asombrado.
-¿No ves, pedazo de animal, que esta es la misma rampa por la que penetramos?
-O sea que hemos hecho un viaje bajo las alcantarillas en forma de triángulo.
-Así es.
-Bueno, ¿Cuando nos vamos a ver con ese Simón amigo tuyo?
-Vístete y vamos a buscarle.

CONTINUARÁ.




                                               En honor a mi antigua amiga Cristina Chimeno

Y puesto de rodillas me dispongo
A entonar la canción de las criaturas
Suplicando al buen Dios en las alturas
Que me ayude en lo que me propongo.

Antes que la noche cierre mi camino
Quiero terminar todas esas  cosas
Gráciles, sutiles, maravillosas
Que pretendí forjaran mi destino.

Quiero ser duro cual los duros guijos
Con cuantos avatares se me oponen
Esperando que un día me perdonen
Mi mujer, mis amigos, y mis hijos.






EL ÚLTIMO DESBORDAMIENTO
Una aventura extraordinaria

El dinero de España se desbordaba por multitud de canales impropios, que se habían construido de manera irracional, por unos seres carentes de imaginación, llenos no obstante, de una ambición tonta y sin sentido.  
El partido político PODEMOS había llegado finalmente al poder después de muchos años de fracasos y vejaciones. Precisamente ese mismo año, se había desbordado el río Ebro, produciendo catástrofes de gran envergadura que, el gobierno saliente, hubo de remediar utilizando uno de esos canales impropios de dinero, haciendo los pagos correspondientes a los damnificados, al ser declarada zona catastrófica toda la afectada por la inundación. 
La nueva ministra de FOMENTO, había gritado enardecida:
-Esto no va a ocurrir nunca más, porque yo me ospongo a que esto excurra.
Los políticos de la oposición, gentes de gran cultura, se reían a carcajada limpia, de las raras palabras de la ministra, que intentaba crear un nuevo idioma, o al menos –si esto no podía ser-, si hacer grandes cambios en el castellano. Como ministra de cultura, no creemos que hubiera tenido gran porvenir, pero como Ministra de Fomento era un encanto.
Y llena de ese ardor que nace de la inconsciencia, emprendió la gran aventura gloriosamente recordada por los españoles de pro durante siglos.
Vestida con un traje caqui que recordaba a los antiguos requetés de la época de Franco, se presentó en Tudela, acompañada por el director de una de las más grandes empresas constructoras del país, y situándose en la ribera del río, dictó:
-Arreglartelas como puerdas, Pascasio, pero tienes que contruir un canal a partir de aquí para que nunca más la ciudad de Tudela y sus campos se vean en la setuación en que se han visto este año. Y empierza a limpiar los fondos de los pantanos que ahora están secos, empermearbilizándolos, para que el agua de lluvia en las CRECIDAS vaya a ellos y no se pierda ni gota.
Nada más volver a su despacho, dictó una proclama a su secretaria particular donde quedaban citados todos los Ingenieros de Caminos del país, y junto a ellos -cualquier ciudadano con buenas ideas al respecto-, para un concurso donde sería creada la mejor red de túneles y canales, para que nunca jamás, se produjera ni un solo desbordamiento de cualquiera de los ríos o ramblas de España por muy insignificante y de poco caudal que estos o estas fueran. Así, las fábricas de cemento volverían a prosperar con esta obra ciclópea, y con ello la nación, disminuyendo el paro obrero en gran medida. La prosperidad del país estaba asegurada.
Al ser dados a conocer los premios al mejor o mejores proyectos, muy pingues y sustanciosos, multitud de gentes, ingenieros o no, atraídos por el afán de dinero y fama, se pusieron al día siguiente a realizar la singular tarea. Podemos decir, lo que PODEMOS, que un tema casi perdido en la mente de los españoles, cual es el de conocer las cotas de altura sobre el nivel del mar, a partir de ese momento tomó vital importancia, y hasta los niños en las escuelas conocían al dedillo cuales eran las altitudes de pueblos y ciudades de España.
Por votación popular, la ministra Claudia Pacheco, que así se llamaba la gran dama, fue elevada a presidenta del gobierno, y se la cubrió de tales honores, alcanzó tal fama, que ministros de todos las naciones, visitaban España, nada más que por el gusto de conocerla; y, en los tórridos veranos donde no suele caer ni una gota de agua, acudían gentes de todos los países, no ya a estudiar la extensa y preciosa a la vez  red fluvial, sino a participar de las fiestas que dentro de ella se celebraban…
Aquellos anchos canales, todos desembocando en inmensos pantanos llenos de agua incluso en verano, los asentamientos de aves acuáticas, los deportes que se practicaban, las lujosas urbanizaciones que iban naciendo alrededor, la riqueza que empezaban a disfrutar cuantos afortunados hijos vivían en esta nación, era algo envidiable. 
Hay que tener en cuenta la jocosa imaginación de nuestra especie, que apenas las últimas gotas de la primavera dejaban de caer, instalaban allí sus mercadillos, sus salas de fiestas dentro de los túneles, sus verbenas al aire libre dentro de los anchos canales. Todo era alegría y jolgorio, no sólo en verano dentro de ellos, que en invierno, con las lluvias y las nieves, al producirse  las CRECIDAS, multitud de propios y extraños acudían a la orilla, a disfrutar viendo el curso de las aguas, esta vez, sin tragedias, lejos de los fatídicos tiempos de los desbordamientos; pues por aquellos canales discurría un agua pura y cristalina, no aquellas aguas fangosas que arrastraban tierras de cultivos, cosechas en sazón y animales, que eran la ruina de agricultores, granjeros y ganaderos;  y, no solo eso, que en los barrios anegados por esas aguas, también había ruina y desolación. Algo terrorífico que los sucesivos gobiernos anteriores, intentaban paliar, prohibiendo la publicidad sobre el asunto, y para calmar los ánimos, creando una serie de ayudas bajo el simple nombre de zona catastrófica.
Ahora, como decimos, aquella había cambiado y es curioso citar cómo, en estas CRECIDAS, ocurrían algunos acontecimientos muy divertidos cual era, el de contemplar enorme multitud de bañistas, piragüistas, surfistas, lanzados a esos canales solos o con sus aparatos, viajando en delicioso discurrir a merced de la corriente hasta ir a desembocar en los pantanos de limpio suelo que todos celebraban disfrutando enorme placer.  Por otro lado, aquellos afortunados agricultores, granjeros o ganaderos, que no veían en peligro sus negocios, si no querían tirarse al río o canal y participar de la fiesta desde la orilla, sin temor a que ella se inundara, también, ahora, se acercaban allí a disfrutar formando parte del espectáculo.
Se cuenta, que hasta cuando estaba lloviendo o nevando, desaparecido el temor, las gentes acudían provistas de los correspondientes paraguas, impermeables o trajes de agua, a participar, y era divertidísimo ver, las multitudes asistiendo en las orillas al magnífico discurrir de aquellos aluviones de agua perfectamente dominados, dentro de los canales como cosa normal y corriente sin peligro alguno.
Sucede que, cuando lo que en tiempos pasados había sido tragedia por falta de control e inteligencia, una vez subsanado, nos convierte en seres humanos más conscientes. Y nace de ahí una nueva filosofía y una manera más clara de ver las cosas.
La presidenta Claudia Pacheco, agraciada por esa clarividencia, una vez resuelto el tema del desbordamiento de las aguas, la emprendió con el desbordamiento del dinero, del cual también hablábamos momentos antes, y, y lo mismo que con el tema de las aguas se puso el traje caqui y se llevó al director de aquella empresa a Tudela, ahora se llevó al presidente del banco de España a su despacho, a quien dictó órdenes severísimas sobre dicho control, y, también, como en la ocasión anterior, hizo una proclama a través de su secretaria, invitando a los mejores economistas del país a que diseñaran un severo sistema de canales propios donde ni un solo céntimo de euro se desperdiciara. Y no sólo los economistas, que también los ciudadanos de a pie con sano criterio podían participar
en el concurso con  sus acertadas ideas. 

Las cosas así en aquella nación ejemplar, envidiada por las demás naciones, que se apresuraron en copiar muchas de sus acertadas realizaciones, ocurrió un caso desafortunado que vamos a relatar de inmediato, debido a sus consecuencias funestas, las cuales, deben servir de escarmiento a las generaciones futuras. Y fue precisamente que aquel verano, por uno de esos casos imprevistos de la naturaleza, se produjo un huracán en España tan fuerte como los que venían ocurriendo en otras partes del mundo.  Caso insólito que nadie se esperaba, y que más tarde se atribuyó al Cambio Climático. Lo cierto es que los confiados españoles y en particular la Presidenta del Gobierno, se vieron envueltos en la catástrofe, de la manera que vamos a explicar con todo lujo de detalles, pues la cosa se lo merece y nosotros no queremos ser tan lerdos que nos quedemos a medias en la narración…
Era el vigésimo segundo año de la Presidencia de PODEMOS en el poder y se estaba celebrando la efemérides con gran brillantez sin reparar en gastos.
¿Dónde celebrar la fiesta nacional con más pompa y consideración que en el anchuroso canal de Tudela donde se habían montado a lo largo de dos kilómetros varios catafalcos para el acto del desfile militar?
Los militares, aunque no habíamos hablado de ellos, hay que decir que, debido a que se disfrutaba en la nación de un buen saneado presupuesto, eran muy respetados y agasajados, con muy buenas pagas y lujosos uniformes, para así figurar esta ante el mundo, como una de las más grandes potencias.
Un segundo tramo de dos kilómetros a continuación, había sido previsto para la Gran Verbena que, debido al maravilloso estado de libertad que se disfrutaba, no iba a desmerecer del oficio militar, y, los españoles que no quisieran sufrir el cansancio o la pesadez del desfile, pudieran disfrutar a su manera de la música y algazara de esta segunda fiesta.
Un tercer tramo de otros dos kilómetros o más, estaba ocupado por la Feria propiamente dicha y dentro de ella el mercadillo. La Feria, había sido prevista para toda clase de diversiones y habían dentro de ellos los consabidos elementos mecánicos, ruedas de caballitos, norias, pistas de cochecitos eléctricos y demás. No es necesario describir la gran cantidad de juegos que había en aquella Feria.
 Su excelencia sacratísima doña Claudia Pacheco, estaba en el catafalco construido al efecto, rodeada de todos sus ministros, altas Jefaturas del Ejército y la Finanzas, e incluso los Altos Próceres de la Oposición, todos juntos y hermanados, cuando estaba a punto de empezar el glorioso desfile militar.
Y fue en ese momento sublime, cuando apareció la primera nube en el cielo, cosa que a nadie preocupaba, pues todo lo más en esta nación, en pleno mes de agosto pueden aparecer “las cabañuelas”, ligeras rachas de lluvia, que si venían, bien venidas fueran, porque iban a refrescar el caldeado ambiente. 
Pero, ya, ya…
Las tres secciones, Feria, Verbena y Desfile, estaban en su gran apogeo, mientras el cielo se ensombrecía más y más también en apoteosis macabra, que los ilusionados celebrantes del suelo se negaban a reconocer, todo empeñados en el disfrute de la vida, que allí se les ofrecía sin tasa ni medida. Así es que las primeras gotas, fueron aceptadas con grandes gritos de júbilo.
Pero, ya, ya…        
Estas primeras gotas eran gordas cual huevos de paloma, y una sola que caía sobre la cabeza, bastante molesta por cierto, era aceptada con bastante recelo. No digamos las que empezaban a caer sobre los trajes dejándolos calados en breves momentos y las que empezaron a acumularse sobre el piso de cemento. Por los altavoces, para evitar alteraciones, se empezó a arengar a las gentes para que no tuvieran prisas, en salir de allí. Era la Presidenta que decía:
-No hay que precipotarse, esto es una ligera nuba de verana que no tiene la menor importencia.
Pero, ya, ya…
Las escaleras de subida a partir del piso del canal, todas de siete metros de altura como mínimo, eran pocas e insuficientes para la evacuación de aquella masa informe de personas.  El agua en el suelo empezaba a crecer de manera escandalosa. Los militares, gente aguerrida en general y acostumbrados a las grandes campañas, arengaban a la multitud junto a políticos y periodistas, e incluso comentaban riendo que aquello era una aventura más como aquella de las CRECIDAS de invierno.
-Desnudáos, -decían-, desnudémonos y dejémonos llevar por la corriente. Las gentes de la Verbena, y de la Feria, empezaron a seguir los ejemplos de los voceadores; y sus ropas, empezaron a flotar sobre las aguas que ya les estaban cubriendo hasta las rodillas.
Hay que decir, que el agua estaba templada y su efecto sobre los cuerpos desnudos, era bastante agradable. También era sumamente agradable la aventura que estaban viviendo, todos o casi todos, allí en pelota picada, chapoteando en aquellas aguas puras  que bajaban del cielo. Una experiencia única e irrepetible.
-No tangáis miedo, -se oía por los altavoces-, todo lo más que puede pasarnos es que vayamos derechos a un pentano después de este ramojón.
Pero, ya, ya…
Las aguas llegaban ya hasta el cuello, y se empezaban a oír gritos de agonía, glus, glus espantosos que ponían los pelos de punta, a pasar de que estos pelos estaban a remojo.
Las gentes que intentaban subir por las escaleras, se amontonaban al pie de ellas de tal manera, que era imposible alcanzar los últimos escalones y ponerse a salvo.
¡Sálvese quien pueda!, -era el grito general-,  aunque por los altavoces seguía oyéndose lo contrario.  Por ellos, los militares y políticos en general cantaban el himno nacional:

Arriba los de la cochara,
abajo los del tanedor,
nosotros somos camunistas
con el martillo y la hoz.

Algunos borrachos de la Feria y la Verbena, les imitaban y sus voces destempladas se mezclaban con los glus, glus, que cada vez aumentaban en intensidad haciendo correr por la médula de las personas conscientes un relámpago de miedo. Pero todos se afanaban por sobrevivir y los que sabían nadar, se dejaban deslizar por la corriente de las aguas sin pensar en lo desagradable de la situación. Era imposible salir del canal por las escaleras de los costados, pues en ellas se amontonaban multitud de cadáveres de aquellos que habían intentado escapar.
El agua ya había alcanzado la altura de tres metros, y empezaba a fluir hacia los pantanos arrastrando aquella masa humana revuelta con toda clase de elementos. Se  mezclaban con la masa, los caballos de los militares algunos de ellos ahogándose bajo el peso de sus cabalgaduras.  
El sólido catafalco de la Presidencia, flotaba tranquilamente al final de toda aquella baraúnda y sobre el mismo, permanecía ella acompañada de sus ministros y algún que otro extraño, en particular los de la prensa, que ya no sabían qué decir a través de los altavoces. Tumbados en el suelo de aquella especie de navío no temían por sus vidas, e incluso se atrevían a seguir entonando el himno nacional.  
Pero, ya, ya…
Ignoraban que iban derechos a estrellarse contra la masa informe de gentes, aparatos, y demás utensilios, que en infernal montón se encontraban taponando la boca del primer túnel a partir del canal.


En Madrid, a 24-4-2018. 
Francisco








TESTIMONIOS

Lunes, 23-4-2018.- Me levanto a las cinco y media acuciado por dos testimonios que oí anoche en televisión y que considero importante dejarlos plasmados en mi blog. Uno sobre la situación religiosa en la India y otro sobre Perón entre Argentina y España.



Testimonio 1


En la cadena INTERECONOMIA de televisión, es entrevistado el padre de la Compañía de Jesús Joaquín Castiella, que a mi entender ha hablado sin pelos en la lengua, con una claridad meriadiana sobre las misiones en la India y la situación religiosa en general. Es un hombre de unos setenta años cuya sonrisa le define como persona buena y sencilla. Y sin embargo ha hecho en primera persona una semblanza de si mismo, cosa que siempre es señal de vanidad, pero que en este caso, era necesaria para darnos a entender, cual es su posición como cristiano dentro de aquel mundo heterogéneo. En ella dice, que se dedica solamente a enseñar a los niños, sin intentar en absoluto evangelizarlos. Y en una doble misión también, construye casas para la gente pobre a medida que recibe dinero. 
Ha explicado que es el menor en edad de los veinte o veinticinco misioneros cristianos que quedan en la India, lo que indica que están próximos a la extinción, si bien se ve secundado por sacerdotes cristianos de esa raza, cuyas vocaciones van siendo despertadas por su influjo. Dentro de la comunidad, india hay un veinte por ciento de comunidad árabe, la cual es menos violenta contra ellos, que la autóctona. Ellos se dedican a su religión y no se ocupan de lo que hacen los misioneros cristianos. Los autóctonos si les ponen grandes pegas.
Castiella tiene bajo su jurisdicción  unos cincuenta pueblos y dice misa en ellos día a día una vez que ha tomado contacto con sus gentes, en particular los niños. En ellos tiene personas que le secundan dedicados a la enseñanza y cuidado de estos.
Dentro de la religión india, hay una rama de cristianos que viene de antiguo y que compite con los jesuitas. De cada cien personas en esta gran nación, noventa y nueve viven bajo el temor de Dios y creen en el paraíso celestial y la reencarnación. Ello les hace pacíficos y buena gente en general. Son los caciques los que no aceptan la presencia de extraños que les pueden perjudicar. Ha habido grandes matanzas de árabes por la policía. y también el terrorismo de estos ante la población va aumentando.
Este es un fenómeno que se va extendiendo en el mundo entero y que contrarresta los deseos de aquellos que, equivocadamente, soñamos que este milenio que empieza iba a ser mejor que los anteriores. Está claro que la utopía de un mundo mejor, cada vez va siendo más difícil que se convierta en realidad. La realidad que vivimos es así de triste, y así hay que aceptarla, aunque no estemos conformes con ella. Lo mismo en la India, que en la China, que en Japón, que en África, no digamos en Occidente, la especie tecnológica va convirtiendo este mundo tan hermoso en un inmenso basurero, y nadie quiere pensar seriamente en el problema.
Pero no nos derivemos del testimonio de Castiella. En la India, más que en otras partes, hay tres castas bien diferenciadas. La más alta, tiene magnates tan inmensamente ricos, que destacan entre los más grandes del planeta. Luego hay una clase media, tecnológica, que vive medianamente bien, con sueldos apropiados, casas con agua y luz y otras comodidades. La clase pobre a la que el padre se dedica con toda devoción, es la de los jornaleros en el campo, que tienen que alejarse de su casa para realizar sus necesidades, porque carecen de aseos en ella. El agua tienen que acarrearla del grifo que una hora al día abren en determinado sitio. Y la energía eléctrica, en muchos casos la roban, enganchándose a la red general. Un detalle curioso es que todos tienen televisión y teléfonos móviles. Lo cual hace suponer que es por deseo de los caciques que les conviene tener al pueblo dormido por medio de esta clase de opio. Ellos si viven bien dentro de sus mansiones rodeados de riqueza.    
No quiero extenderme más, pues como recuerdo con esto tengo bastante. Ello me permite tener un cuadro bastante fehaciente de la realidad, lo que me hace caer en la desesperanza, pero que es necesario no olvidar, pues la verdad, es el único alimento y medicina que nos hace sentirnos vivos.





Testimonio 2

Fue en el programa CUARTO MILENIO, donde empiezan hablando de Eva Perón que murió muy joven víctima de cáncer de útero y por efecto de una lobotomía que le practicaron con idea de calmar sus dolores e incluso de salvarla. Poco a poco he ido entrando en esta historia, contada aquí a trazos y cuyos detalles ignoraba. En 1955 cuando Perón fue derrocado, el veinticuatro de noviembre el cadáver de Evita fue sustraído del Edificio de la CGT donde permanecía, ignorándose su paradero, si bien se dice en el programa, que fue a parar finalmente al chalet de Puerta de Hierro en Madrid donde este fijó su residencia en 1960 cuando llega a España. Es entonces que se casa con Isabelita a quien había conocido en 1956. 
El cadáver de Eva perfectamente embalsamado daba la impresión de ser el de una persona viva, que además olía bien hasta el punto, que Juan José López Rega, uno de sus ministros que le acompañó a España, personaje siniestro, realizaba prácticas obscenas con él.









EL CENSOR

Cuando nació el Censor, el mundo quedó asombrado ante su presencia. Era una criatura sumamente extraña, jamás  nacida de madre humana. Ni la imaginación más calenturienta había sido nunca capaz de imaginársela. Y sin embargo, el parto de Alicia, su madre negra, fue completamente normal, pues el Censor  no pesó más allá de tres kilos, según datos de los especialistas que la asistieron en el hospital.
La criatura había nacido con cuatro cabezas, cuatro pares de brazos y cuatro pares de piernas, aunque estas, no sabemos si llamarlas así, porque carecían de pies y remataba cada una en un muñón, cual si estos hubieran sido cercenados por los tobillos.
En cuanto al cuerpo, estaba compuesto por cuatro troncos bien diferenciados, unidos en un centro común por fuertes membranas que, los médicos, maravillados ante el prodigio, no se atrevieron a separar. Tal criatura, puesto que así había nacido por orden de la Providencia, era necesario que así viviera, pues no cabía duda que era un ser especial venido al mundo con alguna misión de vital importancia.
Sus rostros eran bellísimos y no digamos sus órganos sexuales: dos de mujer y dos de hombre. Tenía también sus cuatro culitos, preciosos.
Las enfermeras, no supieron en principio cómo colocar a la criatura en la cuna, y dada la dificultad,  optaron por sentarla verticalmente en una cama apoyada en los cuatro culos, y flexionándole las piernas; que quedaron situadas en círculo apuntando a los cuatro puntos cardinales e incluso a los trópicos, pues como se sabe, eran ocho.
Una de las enfermeras que era poeta, además de adivina, ante este espectáculo, proclamó que aquellas piernas colocadas en tal posición, eran todo un símbolo, y vaticinó que la tal criatura, iba a dar mucha guerra apenas entrara en uso de razón.
Mas por ahora, se comportaba como una criatura normal, con la diferencia, que la madre, no teniendo más que dos pechos, para alimentar aquellas cuatro boquitas, dos de ellas, estaban condenadas al biberón; pero se acordó, y Alicia estuvo de acuerdo, que les iría turnando por orden riguroso y no habría discriminación entre unas y otras.

En aquellos tiempos, los hospitales de la Seguridad Social habían quebrado y aquella nación en ruinas, agonizaba socialmente, pero de otras naciones, un tanto más sanas donde el dinero tenía vigencia aún, podían acudir en plan turístico, muchos hombres y mujeres ricos a contemplar el prodigio. El dueño del hospital,  hombre de negocios donde los haya, se dio cuenta de inmediato que esta podía ser su salvación, y preparó la cosa de tal forma, que reservó la mejor de las habitaciones para aquella madre afortunada a quien rodeó de toda clase de comodidades. Médicos y enfermeras estaban como esclavos a su servicio, para procurarle cualquier cosa que se le ofreciese.
A través de Internet, se difundió la noticia en menos de veinticuatro horas por el mundo entero, y fue tal la sensación producida, al contemplar a aquella criatura extraña, sentada así entre lujosos almohadones, que el nacimiento del Censor, pasó a ser la primera noticia extraordinaria en todos los medios de comunicación.
Las gentes religiosas de todas las naciones, empezaron a decir que aquello era un milagro. Que Dios, compadecido de este mundo en agonía, lo hacía, creando una criatura múltiple, un nuevo ser humano más perfecto, que esta vez no iba a fallar. Emulando a aquella enfermera que predijo hechos extraordinarios con el advenimiento de tal ser, hubo multitud de vaticinios, cuales que se unificarían todas las religiones en una, que desaparecerían las castas y clases sociales, y que el mundo sería un paraíso.

CONTINUARÁ

En Madrid, a 17-4-2018. Francisco.






Los tres yos




Don Ernesto Fernández Martín, hombre que en la presente fotografía aparece de espaldas, es un individuo que posee varias personalidades, aunque en el Ministerio de Justicia donde ejerce como ministro, se le considera un personaje único debido a sus acertadas decisiones. Siempre tiene la palabra justa ante las situaciones más enrevesadas, y siempre actúa de manera justa y cabal. Nadie puede sospechar que es un pedófilo y que se entiende de manera oscura y solapada con cuantos representantes del género masculino, caen sus manos. Desnudo y de espaldas permanece también en la parte izquierda dentro del armario, del que no se atreve a salir, ante el temor de perder su puesto en la sociedad.
La foto, si nos fijamos bien, presenta un cúmulo de metáforas que sería muy interesante ir describiendo.
La primera, es su figura dentro del armario donde se distingue su desnuda espalda y parte del trasero. Es todo un símbolo, que el avispado fotógrafo, ha querido dejar ahí, a merced de la buena vista del espectador.
Si prestamos la debida atención a la foto, la puerta derecha del misterioso armario, está tapada por la figura del personaje, lo que puede interpretarse como su lado oscuro, su parte irracional que nadie conoce, excepto su esposa, la cual tiene que aparecer siempre sonriente ante el público, como la mujer más dichosa del mundo, nada menos que esposa de un ministro, una grande España, o de cualquier otro país, en que podamos situar la acción. Y sin embargo, es la mujer más desgraciada del orbe, porque el prócer, la trata a patadas y sólo se vale de ella, para aparecer ante las gentes del país, como los esposos más felices y bien avenidos.
Otra metáfora, es su posición de espaldas, sin que se puedan distinguir sus facciones. Podemos interpretarlo como su renuncia a la vida verdadera, la de que procediendo de una familia, pobre pero honrada, ha renunciado a defender –incluso con la muerte- como los primeros cristianos, los valores heredados, valores eternos que algunas familias, muy pocas ya en la actualidad, se empeñan en conservar. Podemos interpretar, que debido a su ambición, el hombre se afilió a un partido político, al haber entrado en conocimiento, que esta es una de las maneras más fáciles de prosperar, hacerse rico y famoso.
Una tercera interpretación sobre el personaje, es la de su vida interior, sus alucinaciones, cuando sale a la calle, o se mira a los espejos y ve su doble, un personaje horrible, un monstruo cuya cara es a veces de lobo, otras de orangután, y en algunos casos (esto le hace temblar, aunque lo disimula muy bien, la de un crótalo de doble lengua que le mira a los ojos y le reprocha su conducta execrable).

En Madrid, a 10-4-2018
Francisco






Poema

El barco se hunde y las ratas
salen gritando

con intención de mantenerse a flote.